FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

domingo, 18 de marzo de 2018

Quauhnáhuac!


Los Tlalhuicas fundaron Cuauhnáhuac en el costado poniente de la barranca de Amanalco hacia el 1400. Desde entonces, modificándose, pagando el paso del tiempo, desmoronándose y edificándose, sobrevivió a todo y se dispuso para recibir al único Cónsul de su vida. Firmin amó la Cuernavaca de 1930, que fue para él un lugar del mundo convertido en símbolo del mundo y el único donde era posible estructurar una ardua trabazón de nudos amorosos. “Abajo, ligeramente a la derecha, en el gigantesco atardecer encarnado cuyo reflejo sangraba en las piscinas desiertas esparcidas por doquier como otros tantos espejismos, extendíanse la paz y la dulzura de la ciudad”.

Comenzando con aquellos días en que caminaba con los Taskerson y siguiendo “al ebrio mundo que, girando desaforado, precipitábase a la 1:20 p.m. hacia la Mariposa de Hércules”, Firmin llegó a Quaunáhuac después de circular el orbe. Desde los campos de Cape Code, Massachussets, hasta la India y el sur de Inglaterra; vio París y Granada y el norte de Europa; navegó, bamboleándose en el océano, rutas de guerra y de paz y fondeó en los mares más íntimos; recorrió el Himalaya, los Alpes y la tierra fría del norte y, al fin, llegó a Quaunáhuac para vivir en el límite del mundo, porque aquí encontró la frontera de la civilización: “una carretera amplia y hermosa, de estilo norteamericano, entra por el norte y se pierde en estrechas callejuelas para convertirse, al salir, en un sendero de cabras.” Entró por el norte con todos los pertrechos de la cultura judeocristiana y recorriendo las retorcidas calles de la ciudad, subiendo y bajando, asimilando y dejándose nutrir por una cultura de “indios harapientos”, como si fuera procesado en un delicado sistema digestivo, acabó destruyendo su aparato teórico crítico y buscando, por ósmosis y capilaridad, la esencia del ser. Firmin, en Quaunáhuac, devino místico, iniciado en los antiguos ritos del alcohol, y no cualquier alcohol, porque hay grados, sino del mezcal. Así, de pronto se encontró con su contradicción más penetrante: ser a la vez un vidente preocupado por la soledad y un amante inconsolable en busca de una mujer a quien ama y odia a la vez, como debe ser en todo amor profundo.

Además, en Quaunáhuac Firmin se libró de un mal notable que es ya epidemia, ¡Dios nos libre!, la falta de raíces. Porque, aquí, donde todo se reduce a polvo, encontró tierra para quedar bien plantado, arraigado; poderoso y simple. Solamente entró por una carretera de estilo norteamericano, o por las vías de un tren con vagones de estilo europeo, o en un avioncito parecido a un “minúsculo demonio rojo, alado emisario de Lucifer”, y salió al sur, a la sola y dolorosa tierra, con sus caminos surcando el viejo mundo, con sus prodigiosas tardes, con su luna llena de mares, con su Iztaccíhuatl y Popocatépetl, “imagen del matrimonio perfecto”, con sus serpeantes barrancas que van al inframundo y con “algunos zopilotes, más gráciles que las águilas, que aguardaban flotando en lo alto como los papeles quemados que escapan de una hoguera y a los que de pronto se ve volar, meciéndose, hacia arriba”.

FG
Quaunáhuac
18.03.18


Fotografía del archivo de La Casona Spencer

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