FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

viernes, 13 de octubre de 2017

70 años de Bajo el volcán


Coloquio Malcolm Lowry 2017

70 años de Bajo el volcán
50,000 visitas al blog
15 años de la Fundación Malcolm Lowry

13:00hrs - visita a la tumba de los espejos

15:00hrs - comida estilo "La Estrella" en La Casona Spencer

17:00hrs - presentación de la tercera edición de Sobre Lowry
con Nayeli Sánchez, Víctor Gochez, Ángel Cuevas y Dany Hurpin

18:00hrs - La mordida, Alberto Rebollo

19:00hrs - 70 - 50,000 - 15 - comentarios

20:00hrs - lectura de poesía con José Peguero

Jueves 2 de Noviembre de 2017

Museo La Casona Spencer
Hidalgo 22
Colonia Centro
Cuernavaca, Morelos
Entrada libre
Habrá mezcal

martes, 10 de octubre de 2017

La Estrella

La cantina La Estrella se ha vuelto ya un monumento en Cuernavaca. Nosotros, la Fundación Malcolm Lowry, la hemos dado a conocer en nuestro sitio de Internet que difunde notas lowryanas en inglés, francés, portugués y español. Estamos preparando en La Estrella y, desde luego, quedan invitados todos los viejos amigos de este venerable templo de la amistad, la celebración de las más de 50,000 visitas a nuestra página donde, a través de nuestras noticias de Cuernavaca, contamos los avatares que tiene esta ciudad y todo lo relacionado a Bajo el volcán.

Soló nos queda unirnos para salvar de la destrucción a nuestra segunda casa, La Estrella, después del sismo del 19 de Septiembre de 2017.











lunes, 11 de septiembre de 2017

Fuego del infierno

Hacia el medio día del dos de noviembre de mil novecientos treinta y ocho, con varios tragos de whisky irlandés Burke, tequila Añejo de Jalisco, algunas cervezas y hasta un poco de loción, Geoffrey Firmin contempló minuciosamente, en casa de Laruelle, un cuadro que a primera vista parecía un tapiz llamado “Los Borrachones”. En él, “los borrachos, egoístas y con rostro rubicundo, eran lanzados de cabeza hacia abajo, a los infiernos, en medio de un tumulto de demonios cubiertos de llamas, medusas, y eructaban monstruos verdes, ora volando en picada como golondrinas, ora torpemente con terribles saltos hacia atrás, gritando entre botellas que se precipitaban y emblemas de esperanzas destruidas; en las alturas, muy arriba, generosos, en pálido vuelo hacia la luz que asciende a los cielos, remontándose de manera sublime en parejas, el macho protegiendo a la hembra y todos escudados por ángeles con alas de abnegación, volaban los sobrios... En el balcón Yvonne leía y el Cónsul volvió a contemplar “Los Borrachones”. De pronto experimentó una sensación nunca antes sentida con tan absoluta certidumbre. Y era la de estar en el infierno”.

En efecto, el alcohólico de manos temblorosas, vive en el infierno. En un abismo mezcla de frustraciones, miedo, orgullo, soledad, autodestrucción, falsa comprensión del yo, debilidad de carácter, autocompasión e impiedad. Por supuesto que estamos hablando de una enfermedad: la enfermedad de la vida. Pero rara enfermedad, puede destruir salvando. Gracias a ella, Geoffrey Firmin ve a través del delicado encaje sobre el que está bordado el mundo, y paga con agonía, sumido en aterradores silogismos. Trastoca todos los valores: “los dioses existen, son el demonio”, el amor es trampa, la verdad es embeleco, la vida es un enredo. Parientes, parejas y amigos, son maldad. Y no son libres, son muñecos a merced del destino. Todo cuanto ve en ellos es falso, cicatero, enfermo, buscan siempre engatusar: "déjame creer que no todo es un maldito engaño...". Desgraciadamente, también él es como ellos, hace lo mismo que ellos, con una sola diferencia: él ve, se da cuenta y posee la virtud del discernimiento. Todo lo cual no es bueno para un hombre hecho con la intención de que ame y sea amado. El suicidio, rápido o lento, desesperado o perseguido gradualmente con el paso de los años, es la puerta. Mientras tanto: "bebe toda la tarde, eso es vivir...".
 
FG
 
Fotografía de Dany Hurpin
 

domingo, 9 de julio de 2017

Los muertos de Comala y del Parián

Fotografía Óscar Menéndez                                                  


Los muertos de Comala y del Parián
Infiernos paralelos en el México del siglo XX

Por Alberto Rebollo

La novela Bajo el volcán, de Malcolm Lowry (publicada en castellano en 1964) es la historia de dos muertos contada por ellos mismos y por una voz omnisciente en un larguísimo flashback o analepsis desarrollada en Quauhnáhuac y más específicamente en Parián, donde la pareja de enamorados muere. El ambiente no puede ser más nefasto: para Lowry México siempre fue un paraíso infernal y la trama se desarrolla en la época de la guerra de los Cristeros durante un día de muertos. En Pedro Páramo, de Juan Rulfo (1955) asistimos a un pueblo llamado Comala (de comal: ardor, infierno), en donde los muertos van contando su propia historia sólo que aquí, curiosamente, los muertos prosiguen su historia después de haber sido enterrados y siguen hablando como si siguieran vivos. En el día de muertos de Bajo el volcán de 1939, Yvonne y el Cónsul (muertos un año atrás) de alguna forma regresan del inframundo para contar su historia de amor infeliz; la frase introductoria que se presenta al terminar el primer capítulo en la feria del centro de Quauhnáhuac dice así: “la rueda luminosa giraba al revés…” Lowry sabe que en México los muertos vuelven un día al año y por eso Yvonne y el Cónsul llegan a nosotros justo un año después en día de muertos y a través de un libro y se vuelven míticos e inmortales, pero Rulfo va aún más allá, porque como cualquiera que viva o haya vivido en México habrá notado, aquí curiosamente no hay una frontera clara entre los vivos y los muertos y esto viene desde nuestros antepasados aztecas; en el mundo occidental y como parece obvio la muerte marca una clara línea divisoria entre la gente, pero en la tradición prehispánica no, en la cosmovisión prehispánica la muerte simplemente implicaba un cambio de estado pero no un alejamiento ni una fractura irreparable sino un tipo distinto de convivencia. En otros países cuando alguien muere se le convierte en cenizas, te lo dan en un jarrón y cada quien se va a dormir a su casa, pero en México no, en México al muerto se le llora, se le vela, se le hace una procesión, se le canta, se le entierra, se le reza durante días y frecuentemente, incluyendo claro el día de muertos, se le acompaña en el panteón en donde no sólo se llevan flores sino se realizan incluso jolgorios, festines, taquizas y borracheras en honor del difunto. Obviamente los amigos y familiares platican con el muerto y hasta cigarritos le convidan; en suma, los muertos en México son vistos como si de alguna forma siguieran entre nosotros. Rulfo capta esta realidad mexicana, esta forma de ver la muerte presente en los pliegues del aire y lo plasma de manera magistral en su novela. Cuando muere Susana, la única mujer que Pedro Páramo amó realmente, la gente del pueblo sale a “penar” pero todo termina en una gran fiesta tan desmedida que Pedro Páramo no lo puede soportar:
 
"Comenzó a llegar gente de otros rumbos, atraída por el constante repique. De Contla venían como en peregrinación. Y aun de más lejos. Quién sabe de dónde, pero llegó un circo, con volantines y sillas voladoras. Músicos. Se acercaban primero como si fueran mirones, y al rato ya se habían avecindado, de manera que hasta hubo serenatas. Y así poco a poco la cosa se convirtió en fiesta. Comala hormigueó de gente, de jolgorio y de ruidos, igual que en los días de la función en que costaba trabajo dar un paso por el pueblo.
Las campanas dejaron de tocar; pero la fiesta siguió. No hubo modo de hacerles comprender que se trataba de un duelo, de días de duelo. No hubo modo de hacer que se fueran; antes, por el contrario, siguieron llegando más.
La Media Luna estaba sola, en silencio. Se caminaba con los pies descalzos; se hablaba en voz baja. Enterraron a Susana San Juan y pocos en Comala se enteraron. Allá había feria. Se jugaba a los gallos, se oía la música; los gritos de los borrachos y de las loterías. Hasta acá llegaba la luz del pueblo, que parecía una aureola sobre el cielo gris. Porque fueron días grises, tristes para la Media Luna. Don Pedro no hablaba. No salía de su cuarto. Juró vengarse de Comala:
—Me cruzaré de brazos y Comala se morirá de hambre.
Y así lo hizo".

En Bajo el volcán hay un pasaje similar cuando de pronto en una alegre procesión dice:

"Surgido de la nada, navegaba el entierro del niño; al diminuto ataúd cubierto de encaje seguía la banda (dos saxofones, un guitarrón y un violín que, sorprendentemente tocaban ‘La Cucaracha’), detrás venían las mujeres, solemnísimas, en tanto que poco más lejos algunos mirones bromeaban y, casi correteando, levantaban unas tolvaneras en la cual se desparramaban".
 
En la novela de Juan Rulfo un tanto me parece también como venganza la gente celebra la muerte de Susana y el desmoronamiento moral de Pedro Páramo. Terminado este gran evento la gente es desterrada de Comala y Pedro Páramo se queda solo a esperar la muerte. Rulfo entonces, basado en esta ausencia de fronteras entre los vivos y los muertos, que también entiende Lowry, cuenta una historia que comienza de manera realista en la que un joven llamado Juan Preciado ve morir a su madre y le hace la promesa de ir a buscar a su padre Pedro Páramo a Comala donde le cobrará todo lo que no le dio en su vida. Pero la novela toma un sabor fantástico cuando el joven Juan Preciado de pronto se ve inmerso en un pueblo fantasma lleno de ecos del pasado y de muertos vivientes con descripciones tan escalofriantes como la siguiente:
 
"Ése fue el sueño "maldito" que tuve y del cual saqué la aclaración de que nunca había tenido ningún hijo. Lo supe ya muy tarde, cuando el cuerpo se me había achaparrado, cuando el espinazo se me saltó por encima de la cabeza, cuando ya no podía caminar. Y de remate, el pueblo se fue quedando solo; todos largaron camino para otros rumbos y con ellos se fue también la caridad de la que yo vivía. Me senté a esperar la muerte. Después que te encontramos a ti, se resolvieron mis huesos a quedarse tiesos. "Nadie me hará caso", pensé. Soy algo que no le estorba a nadie. Ya ves, ni siquiera le robé el espacio a la tierra. Me enterraron en tu misma sepultura y cupe muy bien en el hueco de tus brazos. Aquí en este rincón donde me tienes ahora. Sólo se me ocurre que debería ser yo la que te tuviera abrazado a ti. ¿Oyes? Allá fuera está lloviendo. ¿No sientes el golpear de la lluvia?
—Siento como si alguien caminara sobre nosotros.
—Ya déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho tiempo enterrados".
 
Este pasaje tan intenso, recuerda un tanto al no menos tétrico título de la siguiente novela de Lowry: Oscuro como la tumba donde yace mi amigo. La perspectiva es la misma; ver la vida o pensar la vida desde el interior de un féretro que está bajo la tierra. El escritor inglés, por su parte, de manera profética termina su novela Bajo el volcán en un pueblo llamado Parián, entonces un pueblo ajetreado en la sierra de Oaxaca, de influencia política y militar importante pero que hoy, luego de la desaparición del tren de pasajeros de México, está convertido en un auténtico pueblo fantasma donde viven apenas unas siete personas. En Bajo el volcán, en el pueblo del Parián, el Cónsul es asesinado por fascistas de derecha y luego tirado a la barranca junto con un perro muerto quien, seguramente, lo acompañará a cruzar el rio del inframundo, como creían los aztecas. Pero hablo de Parián porque tuve la oportunidad de visitar el pueblito hace unos pocos años y es realmente increíble la similitud que tiene con las descripciones del Comala de Rulfo. Incluso le propondría a Óscar que filmaramos una película de Pedro Páramo en Parián como Comala y quedaría maravillosa.
No hay la menor duda de que Comala es el infierno (cito plática al inicio entre Juan Preciado y Abundio):
 
"—Hace calor aquí —dije.
—Sí, y esto no es nada —me contestó el otro—. Cálmese. Ya lo sentirá más fuerte cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que allí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija".
 
En Comala Juan Preciado morirá de miedo y al final se convierte en un pueblo habitado por espectros, ecos y fantasmas. “Fantasmas, fantasmas como en el Casino vivían aquí ciertamente” dice Lowry en Bajo el volcán, mientras que del Parián se dice que, al igual que Comala “es un infierno” en el cuál morirá asesinado el Cónsul. Muertos que van de camino al infierno en un paraíso infernal que cada día tiene menos de paradisíaco y más de infernal.

Salud!

lunes, 3 de julio de 2017

Pedro Páramo y Bajo el volcán

PEDRO PÁRAMO E DEBAIXO DO VULCÃO – UM JOGO DE ESPELHOS

Não constitui novidade que o México, ao longo dos séculos, tem sido terreno fértil para o aparecimento de grandes escritores. Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés de la Cruz ou, mais contemporaneamente, Octavio Paz, Jorge Ibargüengoitia e David Toscana são inegáveis exemplos deste prodígio e autores de obras que não só se constituíram como marcos da assombrosa capacidade de imaginar mundos ficcionais como contribuíram para a riqueza literária que permite à civilização humana continuar a sonhar. Juan Rulfo integra também, por direito próprio, este restrito grupo, autor de uma obra cujo reconhecimento saiu do seu espaço natural e se converteu em património literário universal.
Este escritor sayulense tem ainda a extraordinária particularidade de a sua obra ser anormalmente escassa. Inevitavelmente, para um confesso admirador de Malcolm Lowry (como é o autor destas linhas), esta singularidade não deixa de constituir, mais do que uma curiosidade, um bom pretexto (e uma tentação) para revisitar, ainda que de forma muito breve, os dois autores e aquelas que são consideradas as suas principais criações – Pedro Páramo e Debaixo do Vulcão.
Rulfo publicou em vida apenas dois livros (Llano en Llamas e Pedro Páramo), sendo o seu outro livro (El Gallo de Oro) editado muitos anos após a sua morte. Semelhante percurso tem Malcolm Lowry: Ultramarina é publicado em 1935, Debaixo do Vulcão em 1947. Todas as outras obras do escritor de New Brighton são póstumas. Em ambos os casos, é o segundo livro que consagra universalmente aos seus autores (e esta aclamação é da responsabilidade não só dos leitores, mas também, e isto é importante, dos seus pares das letras), não constituindo, pois, surpresa que Pedro Páramo e Debaixo do Vulcão integrassem com justiça, e naturalmente, diversas listas das principais obras literárias do século XX.
Um romance desta natureza contém um potencial de transposição para a Sétima Arte que nenhum realizador desconsidera. Por essa razão, e depois de várias tentativas fracassadas de outros realizadores, em 1984 o norte-americano John Huston passou para o cinema a vertigem autodestrutiva de Geoffrey Firmin. Antes, o exilado galego Carlos Velo filmara a saga de Juan Preciado.
Curiosa também é a maneira como os autores classificam os espaços geográficos destas obras. Para Lowry, sabemos desde sempre, Debaixo do Vulcão (Quauhnahuác, em concreto) representaria o Inferno na trilogia «The Voyage that Never Ends». Para o escritor mexicano, Comala constitui o «Refúgio de pecadores», que Juan Preciado vê inscrito na virgem que Eduviges Dyada leva pendurada no peito. Creio serem evidentes as semelhanças simbólicas entre ambos os lugares.
Sendo uma obra em que a mexicaneidade está presente desde a primeira página (os silêncios e os murmúrios, os espaços, a Revolução e as guerras cristeras, a dialéctica real/irreal, a invulgar representação simbólica…), Pedro Páramo é uma obra universal, ninguém considerando actualmente as (aparentes) limitações de que se revestiam algumas das críticas dirigidas ao autor quando a obra foi publicada, em 1955. Além de uma riqueza simbólica incomum, esta obra de Rulfo ostenta uma (complexa) estrutura narrativa, de natureza fragmentária, em que passado e presente se intercalam, fornecendo desse modo as peças que permitirão, por exemplo, construir psicologicamente as personagens, dificultando a sua leitura (mas sem lhe retirar o prazer) e exigindo do leitor um continuado esforço para a sua compreensão. Não são também todos elementos que nos maravilham em Debaixo do Vulcão?
Terminamos com uma última e peculiar analogia. Parece-me inquestionável que uma das principais linhas que atravessam estes duas extraordinárias obras constitui uma reivindicação. Em Pedro Páramo, por exigência da mãe à cabeceira da morte, o protagonista parte em busca do pai, mas a viagem a Comala é também pretexto para reclamar o que considera seu. Tal como Yvonne, que regressa a Quauhnáhuac não só para proporcionar ao marido uma derradeira hipótese de amar, mas também para lhe exigir algo a que ela considera ter direito – ser feliz.
Num e noutro caso, Preciado e Yvonne procuram alguém que já não existe, encontrando no seu lugar nada mais do que fantasmas, fantasmas e mais fantasmas. Desencantados, não lhes resta outra alternativa que não concluir que a ilusão tem um preço, neste caso demasiado alto, que ambos haveriam de pagar da forma mais extrema e cruel: com a própria vida.
Marcelo Teixeira
Lisboa, 25 de Junho de 2017










PEDRO PÁRAMO Y BAJO EL VOLCÁN – UN JUEGO DE ESPEJOS

No constituye una novedad que México, a lo largo de los siglos, haya sido terreno fértil para la aparición de grandes escritores. Netzahualcoyotl, Sor Juana Inés de la Cruz, o más contemporáneamente, Octavio Paz, Jorge Ibargüengoitia y David Toscana son ejemplos innegables de este prodigio de autores de obras que no sólo se constituyen como marcos de la asombrosa capacidad de imaginar mundos ficticios sino que contribuyen a la riqueza literaria lo que permite a la civilización humana continuar soñando. Juan Rulfo integra también, por derecho propio, este selecto grupo, autor de una obra cuyo reconocimiento pasó de pertenecer a su espacio natural a convertirse en patrimonio literario universal.
Este escritor sayulense tiene además una extraordinaria particularidad, de que su obra es anormalmente escasa. Inevitablemente, para un admirador confeso de Malcolm Lowry (como es el autor de estas líneas), esta singularidad no deja de constituir, más que de una curiosidad, un buen pretexto (o una tentación) para revisar, aunque de una forma muy breve, a los dos autores y aquellas que son consideradas sus principales creaciones Pedro Páramo y Bajo el Volcán.
Rulfo publicó en vida únicamente dos libros (El Llano en Llamas y Pedro Páramo), siendo otro libro suyo (El Gallo de Oro) editado muchos años después de su muerte. Semejante trayectoria tuvo  Malcolm Lowry: Ultramarina y publicado en 1935, Bajo el Volcán en 1947. Todas las otras obras del escritor de Nueva Bringhton son póstumas. En ambos casos, es el segundo libro el que consagra universalmente a sus autores (y esta aclamación no sólo es de los lectores, pero también, y esto es importante, de sus pares de las letras), no constituye, pues, sorpresa que Pedro Páramo y Bajo el Volcán integren con justicia, y naturalidad, diversas listas de las principales obras literarias del Siglo XX.
Un relato de esta naturaleza contiene un potencial de trasposición para el Séptimo Arte que ningún realizador ignora. Por esa razón, y después de varias tentativas fracasadas de otros realizadores, en 1984 el norteamericano John Huston pasó al cine la vertiginosa autodestrucción de Geoffrey Firmin. Antes, el gallego Carlos Velo filmó la hazaña de Juan Preciado.
También es curiosa la manera en la que los autores clasifican a los espacios geográficos de estas obras. Para Lowry, sabemos desde siempre que Bajo el Volcán (Quauhnáhuac, en concreto) representa el infierno en la trilogía “El viaje que nunca termina”. Para el escritor mexicano, Comala constituye el “Refugio de los pecadores” que Juan Preciado ve escrito en el pendiente que la virgen Eduviges Dyada lleva en el pecho. Creo que son evidentes las semejanzas simbólicas entre ambos lugares.
Es una obra en la que la mexicanidad está presente desde la primera página (los silencios o murmullos, los espacios, la Revolución y las guerras cristeras, la dialéctica real/irreal, una representación simbólica poco común…), Pedro Páramo es una obra universal,  nadie puede considerar actualmente las (aparentes) limitaciones de las que se valían algunas críticas dirigidas al autor cuando la obra fue publicada en 1955. Más allá de una riqueza simbólica poco común, esta obra de Rulfo ostenta una (compleja) estructura narrativa, de naturaleza fragmentaria, en la que el pasado y el presente se intercambian,  abasteciendo de este modo  las piezas que permiten, por ejemplo, construir psicológicamente los personajes, dificultando su lectura (pero sin retirarle el encanto) y exigiendo al lector un continuo esfuerzo para su comprensión. ¿No son también todos los elementos que nos maravillan de Bajo el Volcán?
Terminamos con una última analogía peculiar. Me parece incuestionable que una de las principales líneas que atraviesan estas dos extraordinarias obras constituye una reivindicación.  En Pedrero Páramo, por exigencia de la madre en su lecho de muerte, el protagonista parte en busca del padre, pero el viaje a Comala es también un pretexto para reclamar lo que considera suyo. Tal como Yvonne, que regresa a Quauhnáhuac no sólo es para proporcionarle al marido una última propuesta de amor, pero también es para exigirle algo a lo que ella considera tener derecho –ser feliz.
En uno y otro caso, Preciado e Yvonne buscan a alguien que ya no existe, encontrando en su lugar nada más que fantasmas, fantasmas y más fantasmas. Desilusionados, no les queda otra alternativa que concluir que la ilusión tiene un precio, en este caso demasiado alto, que ambos tendrían que pagar de la forma más extrema y cruel: con la propia vida.

Marcelo Teixeira
Lisboa, 25 de junio de 2017
(Traducción de Mercedes Pedrero)

Homenaje a Juan Rulfo

La Fundación Malcolm Lowry rindió homenaje a Juan Rulfo en el centenario de su natalicio proyectando el documental del maestro Óscar Menéndez y los comentarios de Alberto Rebollo, Dany Hurpin, Félix García, John Prigge y Marcelo Teixeira.
Siguiendo la tradición de Geoffrey Firmin, todo terminó con mezcal. Salú!




Foro en La Casona Spencer




El pasado viernes 30 de Junio de 2017 a las 19:00hrs, La Casona Spencer inauguró el Foro recién terminado que está dedicado a Elizabeth Brown Spencer (1903-1986) quien fuera esposa de John Spencer y con cuya herencia John pudo compra La Casona y a John Anderson (1949-2014) con cuyo donativo fue posible terminar la sala. Los miembros del Consejo de la Casona Spencer y los de compañeros de la Fundación Malcolm Lowry estuvieron presentes.











miércoles, 28 de junio de 2017

Más música

But someone had called him compañero too, which was better, much better. It made him happy. These thoughts drifting through his mind were accompanied by music he could hear only when he listened carefully. Mozart was it? The Siciliana. Finale of the D minor quartet by Moses. No, it was something funereal, of Gluck’s perhaps, from Alcestis. Yet there was a Bach-like quality to it. Bach? A clavichord, heard from far away, in England in the seventeenth century. England. The chords of a guitar too, half lost, mingled with the distant clamour of a waterfall and what sounded like the cries of love.
Under the Volcano Chapter 12





Pero también, alguien le había llamado «compañero», lo cual era mejor, mucho mejor. Eso lo hacía feliz. Acompañaba a estos pensamientos que iban a la deriva por su mente una música que sólo podía escuchar si oía con atención. ¿Era Mozart, por casualidad? La Siciliana. Final del cuarteto en re menor por Moses. No, era algo fúnebre, tal vez Gluck, de Alceste. Sin embargo, había en aquella música algo que recordaba a Bach. ¿Bach? Un clavicémbalo que se oía desde muy lejos, en Inglaterra, en el siglo diecisiete. Inglaterra. Las cuerdas de una guitarra, también, alejándose un poco, se mezclaban al lejano clamor de una cascada y a lo que sonaba como los jadeos del amor.
Bajo el volcán Capítulo XII

miércoles, 21 de junio de 2017

No se puede vivir sin amar

“No se puede vivir sin amar, como ese estúpido escribió en mi casa” dijo Jacques Laruelle en un arranque de furia, mientras que Yvonne iba y venía en el fondo de su memoria polvorienta, huyendo primero para luego volver un poco antes de que el cartero entregara al Cónsul la tarjeta que ella misma había mandado desde California un año antes: “Queridísimo: ¿por qué me marché? ¿por qué me dejaste ir?”
“No se puede vivir sin amar...” Pero, ¿qué es el amor? Cuando Yvonne preguntó: “¿no te queda nada de ternura ni de amor por mí?”, Geoffrey no contestó y pensó para sí mismo que nunca podría perdonar lo bastante, nunca podría olvidar “cuánto había sufrido, sufrido, sufrido, sin ella; ciertamente que nunca en su vida —salvo cuando murió su madre— había conocido semejante desolación y tan desesperado sentimiento de abandono, de despojo, como durante este último año sin Yvonne. Pero nunca con su madre pudo sentir esta emoción de ahora: este urgente deseo de herir, de provocar en un momento en que sólo el perdón podía salvar el día; más bien ese deseo comenzó con su madrastra, y llegó a tales extremos que ella tenía que gritar: —¡No puedo comer, Geoffrey, la comida no me pasa por la garganta!— era duro perdonar, duro, duro, perdonar. Aún más duro, por no decir cuán duro era, te odio. Ahora mismo, de preferencia a cualquier otro momento. Aunque aquí estaba el momento de Dios, la oportunidad para estar de acuerdo, para producir la tarjeta, para cambiarlo todo...”
Tarea harto difícil es morirse de amor y aceptarlo. Supone abandonarse, hacer un lado el yo y sus exigencias para ser con el otro, para ser el otro, para llegar al andrógino original. Como el Cónsul, hay que andar un largo, largo camino para hallar lo que está enfrente, lo que siempre estuvo enfrente pero no veíamos y, cuando al fin lo encontramos y lo tenemos al alcance de la mano, surge la rabia y viene la furia y brotan las ganas de acabar con todo, de destruir para recomenzar, de quemar todo para que, una vez pasado por el fuego, el corazón renazca libre. La lección de Geoffrey Firmin es que siempre acabamos persiguiendo la sombra, el silencio, el olvido, los volcánicos pulsos de la tierra manando incandescencias…

FG
 
 

viernes, 2 de junio de 2017

¡Borraaacho!

En el crepúsculo del día de muertos de 1939, el doctor Arturo Díaz Vigil y M. Jacques Laruelle, vestidos de franela blanca, bebiendo Anís del Mono después de haber jugado al tenis y al billar, nos contarán lo que había pasado un año antes: “Pero, ‘¡hombre!’ ¡Yvonne volvió! Eso es lo que nunca podré entender. ¡Volvió a su lado!” y lo encontró en el bar del Hotel Bella Vista en las primeras horas de la mañana, después “volvieron a salir a la calle: cuando la atravesaron, Yvonne se alegró de la excusa que le ofrecía la vitrina de la imprenta para aliñarse un poco. (…) Desde el espejo del escaparate la criatura oceánica que le devolvía la mirada estaba a tal grado impregnada y bronceada por el sol y acariciada por la brisa marina y la espuma que, a pesar de que hacía los furtivos movimientos de la vanidad de Yvonne, parecía cabalgar sobre la resaca, más allá del dolor humano. Pero el sol tornaba el dolor en veneno, y un cuerpo radiante sólo servía para mofarse de un corazón adolorido; Yvonne lo sabía, aunque aquella bronceada criatura, hija de las olas, de la orilla del mar y de hierbas peinadas por el viento, lo ignorase.” De la mano de esta extraordinaria mujer e iluminado por el mezcal, “única luz en las tinieblas” (Camus dixit), Geoffrey Firmin vio una de las maniobras entre el infierno y el paraíso sobre el candente polvo de Quauhnáhuac: la desolación del amor, el desaforado ímpetu de la soledad, el júbilo de la fiesta, la aflicción de no haber sido feliz, la fina membrana que defiende la vida sobre el planeta tierra y el mar inacabable de la muerte. Vio también los horrores del mundo y el indecible júbilo que concede el hecho de dejar todo y largarse. Amezcalado percibió el lado oculto de las cosas, aquello que la mente discursiva no ve porque no cabe en sus esquemas rígidos y aberrantes la multiforme variedad del mundo.

En el último capítulo de Bajo el volcán Geoffrey está listo y por eso es rotundo: “—Mezcal —dijo el Cónsul. El cuarto principal de ‘El Farolito’ estaba desierto. Desde un espejo que, colgado tras el bar, también reflejaba la puerta abierta a la plaza, su propio rostro, mudo, lo miró fijamente…”

El mezcal consiente el movimiento entre las sombras, rompe la rigidez de la mente, expande el horizonte de nuestro conocimiento racional que analiza pero no comprende y abre las puertas a lo múltiple, lo diverso, lo disímil, lo inasible, lo contradictorio. A la luz del mezcal el mundo se comporta distinto, tiene voluntad, se mueve, toma sus propias decisiones, parece vivo, como si fuera un formidable animal que sufriera comezones en el lomo. El mezcal arrastra la conciencia y la hunde, pone de manifiesto la verdad y abre la posibilidad del perdón que es también olvido. Pero, ‘El Farolito’ “no estaba en silencio. Lo invadía aquel latido: el tic-tac de su reloj de pulsera, de su corazón, de su conciencia, de algún otro reloj. También, de muy abajo, venía un lejano rumor de hirientes y amargas acusaciones que él mismo lanzaba contra su propia desdicha, voces como de un altercado, la suya más potente que las demás, mezclada ahora a las otras que parecían gemir acongojadas en la distancia: —¡‘Borracho’, ‘Borrachón’, ‘Borraaacho”!”…
 
FG
 
 

domingo, 14 de mayo de 2017

La música

Closing his eyes again, standing there, glass in hand, he thought for a minute with a freezing detached almost amused calm of the dreadful night inevitably awaiting him whether he drank much more or not, his room shaking with daemonic orchestras, the snatches of fearful tumultuous sleep, interrupted by voices which were really dogs barking, or by his own name being continually repeated by imaginary parties arriving, the vicious shouting, the strumming, the slamming, the pounding, the battling with insolent archfiends, the avalanche breaking down the door, the proddings from under the bed, and always, outside, the cries, the wailing, the terrible music, the dark’s spinets: he returned to the bar.

Under the Volcano, Chapter 12




 



Volviendo a cerrar los ojos, de pie, con la copa en una mano, pensó por un momento con glacial tranquilidad, indiferente y casi divertida en la horrible noche que inevitablemente le aguardaba, siguiese o no bebiendo mucho más, y en su cuarto cimbrándose con demoniacas orquestas, en las ráfagas de sueño aterrado y tumultuoso, interrumpido por voces que en realidad eran ladridos de perros, o por su propio nombre repetido sin cesar por imaginarios grupos que iban llegando, en los malévolos gritos, en el tañer de las guitarras, en los portazos, los golpes, la lucha con insolentes archidiablos, en el alud que derrumbaba la puerta, en los pinchazos desde debajo de la cama y, siempre afuera, en los gritos, los gemidos, la terrible música, las espinetas en la oscuridad; regresó a la cantina.

Bajo el volcán, Capítulo XII

jueves, 20 de abril de 2017

Grado 0

Puntuales a la cita fueron llegando los invitados a la celebración del centenario de La Estrella. "¡Un siglo!", decían, "vaya, qué pronto se hace tarde", y entraron a la cantina por las puertas que seguían meciéndose como las puertas del cielo y chocaron las manos y las copas y los vasos y las botellas y fueron metiéndose poco a poco en el mar de la ebriedad buscando siempre el punto de equilibrio que está más allá, en el fondo de la barranca o encima del volcán, pero siempre lejos, siempre inalcanzable y comenzaron a oír el eco que venía retumbando desde lejos: "Quauhnáhuac era, en este aspecto, como el tiempo: por doquier que se mirase estaba aguardando el abismo a la vuelta de la esquina. ¡Dormitorio para zopilotes y ciudad de Moloch!..." y sintieron un temblor que no quedaba claro si era de este mundo, de la carne, o de aquella parte del cuerpo que antes se llamaba espíritu y se movían entre las sillas y las mesas de La Estrella tratando de encontrar un acomodo a modo, una forma de ser que dejara ver a los otros que somos nosotros para armar el puente necesario y en ese instante recordaron que "en este mismo puente el Cónsul le sugirió alguna vez que hiciese una película sobre la Atlántida. Sí, asomado de la misma manera, ebrio (aunque dueño de sí) coherente, un tanto loco, un tanto impaciente —fue una de esas ocasiones en que el Cónsul había bebido hasta la sobriedad— le había hablado sobre el espíritu del abismo, sobre el dios de la tempestad, el ‘huracán’..." (Bajo el volcán, Capítulo I), todo y más y también eso de que todos hablaban y nada tenía significado porque nadie oía nada y todos hablaban solos, hablando para sí mismos, como en una inmensa Torre de Babel, pero a la vez todos entendían y se oía, como una gritería, aquello de Rimbaud: "¡Somos tantos los condenados en la tierra!" (Una temporada en el infierno) y siguieron buscando el equilibrio anhelado...
FG

La fiesta













domingo, 16 de abril de 2017

Magnetismo

"What magnetism drew these quaking ruined creatures into his orbit? Cervantes led the way behind the bar, ascended two steps, and pulled a curtain aside. Poor lonely fellow, he wanted to show him round his house again. The Consul made the steps with difficulty. One small room occupied by a huge brass bedstead. Rusty rifles in a rack on the wall. In one corner, before a tiny porcelain Virgin, burned a little lamp. Really a sacramental candle, it diffused a ruby shimmer through its glass into the room, and cast a broad yellow flickering cone on the ceiling: the wick was burning low. Mistair,’ Cervantes tremulously pointed to it. ‘Señor. My grandfather tell me never to let her go out.’ Mescal tears came to the Consul’s eyes, and he remembered sometime during last night’s debauch going with Dr Vigil to a church in Quauhnahuac he didn’t know, with sombre tapestries, and strange votive pictures, a compassionate Virgin floating in the gloom, to whom he prayed, with muddily beating heart, he might have Yvonne again".
Under the Volcano, Capter 10





"¿Qué magnetismo atraía a estas trémulas y ruinosas criaturas hacia su órbita? Cervantes se adelantó indicándole el camino por detrás del mostrador, subió dos escalones y corrió una cortina. ¡Pobre tipo solitario!, quería volver a enseñarle su casa. El Cónsul ascendió los escalones con dificultad. Un pequeño cuarto ocupado por una enorme cama metálica. Rifles enmohecidos en una percha de la pared. En un rincón, ante la diminuta Virgen de porcelana, ardía una veladora. Vela sacramental en realidad, derramaba en el cuarto un mortecino resplandor rubescente al través del cristal y formaba un amplio cono amarillo que temblaba en el techo: la mecha ardía débilmente. — Míster —temblando, Cervantes apuntó hacia ella—. ‘Señor’. Mi abuelo me dijo que nunca la dejara apagarse —lágrimas de mezcal aparecieron en los ojos del Cónsul y recordó algo que aconteció en la parranda de la noche anterior cuando, acompañado del doctor Vigil, fueron a una iglesia de Quauhnáhuac que no conocía y en la que había oscuros gobelinos y extraños ex-votos pintados, una Virgen piadosa que flotaba en la penumbra, a la cual rogó con el corazón palpitante de pesadumbre por que Yvonne volviera".
Bajo el volcán, Capítulo X

El barman de La Estrella

 
 

miércoles, 12 de abril de 2017

Lowry en el espejo




Hay varias clases de bebedor, pero el tipo de bebedor que es Malcolm Lowry, piensa con rapidez e imaginación, descubre interrogantes de fondo a las que es capaz de buscar soluciones novedosas siguiendo una lógica intuitiva. Invariablemente siente la imperiosa necesidad de quitarse del cuello el collar que lo aprisiona y lo consigue cuando logra salirse de la cotidianidad para vivir en el límite, como uno más de los marginados sociales. En él se percibe el poderoso embrujo del mezcal y sus ritos y misterios, y en él es válida la aseveración de C. G. Jung: “Alcohol en latín es spiritus y se utiliza la misma palabra para la más alta experiencia religiosa, al igual que para el más depravante veneno. Por lo tanto, la fórmula útil es spiritus contra spiritum” (carta de Jung a Bill W., Kusnacht Zurich, 30 de enero de 1961).

Esta clase de bebedor fue el que halló Yvonne en el bar del hotel Bella Vista, la mañana del dos de noviembre de 1938. Era Geoffrey Firmin, el Cónsul, había bebido en los últimos meses no para llegar a la estolidez sino para encontrar la fosforescencia en donde nadie la ve. Siguiendo su propio camino con intrepidez y coraje, se encontraba navegando en busca de una ruta entre la maraña aparente del mundo para ver más allá, a través de todas las ilusiones. El personaje que Malcolm Lowry cinceló para la posteridad nada tiene que ver con el virtuosismo orgulloso de la “gente buena” que a menudo nos sorprende tanto porque nunca pueden resquebrajar, a pesar de su “bondad”, el duro cascarón de la autocomplacencia y la mentira. Tal vez por eso Bajo el Volcán es una obra maestra. Pero no sólo por eso, en realidad Firmin es capaz de dejarnos perplejos, casi en cada una de las páginas de la novela, con su delicadísima comprensión de la experiencia estética, como si se tratara de una bofetada de luz:

“¿Qué belleza puede compararse al de una cantina en las primeras horas de la mañana? ¿Tus volcanes allá afuera? ¿Tus estrellas? ¿Ras Algethi? ¿Antares enfurecida en el sur sudeste? Perdóname, pero no. No son tan hermosas como por fuerza lo es esta cantina que acaso no sea propiamente una cantina; pero piensa en todas aquellas terribles cantinas en donde enloquece la gente, porque ni las mismas puertas del cielo que se abrieran de par en par para recibirme podrían llenarme de un gozo celestial tan complejo y desesperanzado como el que me produce la persiana de acero que se enrolla con estruendo. Todos los misterios, todas las esperanzas, todos los engaños, sí, todos los desastres existen aquí, detrás de esas puertas que se mecen”.
 
FG