FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

martes, 14 de agosto de 2018

El volcán...

M. Laruelle finished his drink. (…) What had happened just a year ago today seemed already to belong in a different age. One would have thought the horrors of the present would have swallowed it up like a drop of water. It was not so. Though tragedy was in the process of becoming unreal and meaningless it seemed one was still permitted to remember the days when an individual life held some value and was not a mere misprint in a communiqué. He lit a cigarette. Far to his left, in the northeast, beyond the valley and the terraced foothills of the Sierra Madre Oriental, the two volcanoes, Popocatepetl and Ixtaccihuatl, rose clear and magnificent into the sunset.
Under the Volcano, Chapter 1










M. Laruelle terminó su copa. (…) Cuanto había ocurrido hacía hoy exactamente un año, parecía pertenecer ya a una era distinta. Se hubiera podido creer que los horrores del presente lo habían engullido como una gota de agua. Pero no había sido así. Aunque la tragedia estaba transformándose en algo irreal y sin significado, parecía que aún era permitido recordar los días en que la vida personal tenía algún valor y no era una simple errata en algún comunicado. Encendió un cigarrillo. Lejos, a su izquierda, en el nordeste, más allá del valle y de los contrafuertes en forma de terraza de la Sierra Madre Oriental, ambos volcanes, Popocatépetl e Iztaccíhuatl, se erguían majestuosos y nítidos, contra el fondo del crepúsculo. 
Bajo el volcán, Capítulo I

domingo, 22 de julio de 2018

El jardín

In this garden, which he hadn’t looked at since the day Hugh arrived, when he’d hidden the bottle, and which seemed carefully and lovingly kept, there existed at the moment certain evidence of work left uncompleted: tools, unusual tools, a murderous machete, an oddly shaped fork, somehow nakedly impaling the mind, with its twisted tines glittering in the sunlight, were leaning against the fence, as also was something else, a sign uprooted or new, whose oblong pallid face stared through the wire at him. ¿Le gusta este jardín? it asked...

¿LE GUSTA ESTE JARDÍN? 
¿QUE ES SUYO?
¡EVITE QUE SUS HIJOS LO DESTRUYAN!

The Consul stared back at the black words on the sign without moving. You like this garden? Why is it yours? We evict those who destroy! Simple words, simple and terrible words, words which one took to the very bottom of one’s being, words which, perhaps a final judgement on one, were nevertheless unproductive of any emotion whatsoever, unless a kind of colourless cold, a white agony, an agony chill as that iced mescal drunk in the Hotel Canada on the morning of Yvonne’s departure. 

Under the volcano, Chapter 5




En este jardín, que no había vuelto a ver desde la llegada de Hugh (cuando ocultó la botella) y el cual parecía cuidado con amor y esmero, existían por el momento algunas pruebas de trabajos inconclusos: herramientas, inusitadas herramientas —un criminal machete, un rastrillo de forma extraña, que, en cierta manera, empalaba la mente con sus puntas retorcidas y brillantes bajo la luz del sol— se hallaban reclinadas en la valla, así como algo más: un letrero recién arrancado, o tal vez nuevo, cuya faz pálida y oblonga le miraba al través del alambrado. ¿Le gusta este jardín? preguntaba...

¿LE GUSTA ESTE JARDIN?
¿QUE ES SUYO?
¡EVITE QUE SUS HIJOS LO DESTRUYAN!

Inmóvil, el Cónsul contempló las letras negras del cartel. ¿Le gusta este jardín? ¿Por qué es suyo? ¡Expulsamos a quienes destruyan! Palabras simples, simples y terribles palabras, palabras que llegaban hasta el fondo del ser, palabras que, a pesar de que eran quizás un juicio final sobre alguien, no producían, sin embargo, emoción alguna, salvo acaso una agonía descolorida, fría, blanca; agonía tan helada como aquel helado mezcal que bebiera en el Hotel Canadá la mañana en que Yvonne se marchó.

Bajo el volcán, Capítulo V

domingo, 24 de junio de 2018

Las cartas de Geoffrey Firmin



El centro de gravedad de Bajo el Volcán son varias cartas que, como no-botellas lanzadas al mar, nadie nunca encontrará o algunos lectores hallarán, pero no podrán contestar. Se trata de una de las metáforas de la soledad en que nos hallamos “navegando vertiginosamente en un enorme barco negro” y recorriendo la vida en la que escasamente hacemos contacto con otro. El “otro”, esa realidad más allá de nosotros mismos, que nos sirve de espejo y nos permite conocernos y reconocernos, que nos vuelve conscientes de la individualidad y que nos hace ser.
En el capítulo primero M. Laruelle encuentra, en un libro de dramas isabelinos empastado en cuero, una carta que Geoffrey Firmin escribió a Yvonne pero que nunca envió y que esa noche, Laruelle acabará quemando: “Desde diciembre de 1937 cuando te fuiste –y me dicen que es ahora la primavera de 1938- he estado luchando deliberadamente en contra de mi amor por ti. No me atreví a someterme a él. Me he asido a cada raíz y rama que puedan salvarme en este abismo de mi vida, pero no puedo engañarme más. Si he de sobrevivir, necesito tu ayuda…”
Cercano a la muerte y “chupando un limón” en el Farolito, el Cónsul puede leer las cartas que Yvonne le escribió. “Mezcal –dijo el Cónsul” porque, al fin, está listo para recibir de manos de Diosdado, el Elefante, “un grueso paquete de cartas atadas con una liga”. Momentos después amará a María, tendrá tiempo para leer una que otra carta que serán como relámpagos, sus no-botellas lanzadas al mar, discutirá con unos bandoleros que se hacen pasar por policías y saldrá a la intemperie para abrazar la muerte, su muerte. “Oh, Geoffrey, ¡con cuánta amargura lo lamento ahora! ¿Por qué lo aplazamos?...” “Estás caminando el borde de un abismo y no puedo seguirte. Me despierto y me hallo en una oscuridad en la que sin cesar debo seguir mis propios pasos, odiando al yo que eternamente me sigue y se me enfrenta. ¡Si pudiéramos resurgir…!” La voz de Yvonne embruja y deja ver que ella, al igual que Geoffrey, ha luchado contra todo...

FG
Quauhnáhuac
24.06.18

domingo, 17 de junio de 2018

Geoffrey Firmin, sabio


En la Carta a Jonathan Cape del 2 de enero de 1946, explicando el Capítulo 8, Lowry dice: “En cuanto a los ‘zopilotes’, los buitres, añadiría que son mucho más que aves de adorno: en este lugar son una realidad; uno de ellos, por cierto, me observa mientras escribo y su mirada no tiene nada de amistosa; revolotean a lo largo de todo el libro y en el capítulo 9 se convierten, por así decirlo, en arquetipos, en aves prometéicas. Considerados antiguamente por los ornitólogos como las primeras aves, puedo afirmar ahora que tienen muchas posibilidades de ser las últimas”.

Bajo el Volcán está surcada, de principio a fin, por zopilotes que a veces vuelan como si fueran papeles quemados que el aire levanta o se reflejan en las piscinas a mil metros de profundidad, pero siempre en círculos que es como se mueven los sabios. “Derecho, siempre adelante de uno, no se puede ir muy lejos”, dijo El Principito. Los sabios giran, sostenidos en el aire, rondando el misterio que, cuando es verdadero, no puede conocerse separado del velo que lo cubre. El velo, en cierto sentido, es lo que hace visible al misterio, le da presencia o apariencia a lo desconocido. En realidad, un misterio, cuando es verdadero, no es algo que exista para ser resuelto, de hecho elude las soluciones. Más bien se niega a entregar su oscuridad al buscador, aún cuando éste sea un investigador de “ideas brillantes”. Los verdaderos misterios nos inducen a entrar en inusuales estados de conciencia: como si comprendiéramos sin, en realidad, comprender nada. Morar en un misterio y entrar en ese estado de conciencia donde parece que lo comprendemos todo, es la labor del sabio. El sabio no utiliza su racionalidad para investigar, con los elementos que la razón le concede, la solución al misterio de la vida, la muerte o Dios, sino que crea el camino que debe recorrer para llegar al ámbito luminoso y oscuro en donde comprenderá todo sin comprender nada. El Cónsul reza y su plegaria es la de un hombre que teme no haber encontrado la solución a los misterios, pero que los ha visto y ha vivido de ellos y en ellos y por ellos: “permíteme creer, por favor, que no todo es un abominable engaño de nosotros mismos...”
FG
Quauhnáhuac
17.06.18


Ilustración de Mafer Rejón

domingo, 10 de junio de 2018

Absolutamente necesario...

But if you look at that sunlight there, ah, then perhaps you’ll get the answer, see, look at the way it falls through the window: what beauty can compare to that of a cantina in the early morning? Your volcanoes outside? Your stars – Ras Algethi? Antares raging south south-east? Forgive me, no. Not so much the beauty of this one necessarily, which, a regression on my part, is not perhaps properly a cantina, but think of all the other terrible ones where people go mad that will soon be taking down their shutters, for not even the gates of heaven, opening wide to receive me, could fill me with such celestial complicated and hopeless joy as the iron screen that rolls up with a crash, as the unpadlocked jostling jalousies which admit those whose souls tremble with the drinks they carry unsteadily to their lips. All mystery, all hope, all disappointment, yes, all disaster, is here, beyond those swinging doors.

Under the Volcano, Chapter 2


Pero si miras ese rayo de sol allí, ¡ah!, quizás tengas la respuesta. Ve; mira cómo entra por la ventana: ¿qué belleza puede compararse a la de una cantina en las primeras horas de la mañana? ¿Tus volcanes allá afuera? ¿Tus estrellas?... ¿Ras Algethi? ¿Antares enfurecida en el sur sudeste? Perdóname, pero no. No son tan hermosas como por fuerza lo es esta cantina que — decadencia de mi parte— acaso no sea propiamente una cantina; pero piensa en todas aquellas terribles cantinas en donde enloquece la gente, las cantinas que pronto estarán alzando sus persianas, porque ni las mismas puertas del cielo que se abrieran de par en par para recibirme podrían llenarme de un gozo celestial tan complejo y desesperanzado como el que me produce la persiana de acero que se enrolla con estruendo, como el que me dan las puertas sin candado que giran en sus goznes para admitir a aquellos cuyas almas se estremecen con las bebidas que llevan con mano trémula hasta sus labios. Todos los misterios, todas las esperanzas, todos los desengaños, sí, todos los desastres existen aquí, detrás de esas puertas que se mecen.

Bajo el volcán, Capítulo II

Las Estrellas...














La Estrella...





domingo, 3 de junio de 2018

Las estrellas de La Estrella



La Fundación Malcolm Lowry
invita
a la presentación de la obra de

Víctor Gochez

LAS ESTRELLAS DE LA ESTRELLA

Jueves 7 de junio de 2018
17:00 horas
Cantina La Estrella
Matamoros 31-C
Centro Histórico
Cuernavaca, Morelos
Entrada libre

domingo, 27 de mayo de 2018

Geoffrey Firmin, señor de los perros

En Mesoamérica los perros acompañaron siempre a las personas no sólo mientras pasaban por este mundo sorprendente, sino más allá, en el inframundo. Para ayudar al muerto a vencer las duras pruebas a que debía enfrentarse, se le daba por compañero un perro, que moría con él y caminaba delante guiándolo por las sendas del más allá. Todavía más, ese ser formaba parte del panteón mesoamericano: Xólotl, hermano gemelo de Quetzalcóatl a quien ayudó a robarse los huesos del Mictlan para molerlos y mezclarlos con su sangre y con esa masa hacer la carne de los hombres. Xólotl conocía a la perfección los caminos a través de la corriente y conducía a los muertos al Mictlan.
La alucinante vida que el Cónsul mantuvo en México y que transcurre a lo largo de doce capítulos en Bajo el Volcán, estuvo poblada de perros. Pasan con su alegría y sus penas, flacos, despreciados o amados, arrastrando sus cuerpos por muchas páginas del libro y en la ciento cuarenta y uno de la edición de Era se dice como tautología: “tras ellos caminaba el único ser viviente que compartiera su peregrinación: el perro”.
No parece que Lowry haya estudiado la teología mesoamericana, pero intuyó, observando la vida cotidiana, el notable lugar que tienen los perros en esta sociedad, y logró conectar esta noción con los Cínicos de Grecia, aquellos filósofos que destacaron por defender y practicar un ideal de vida fuera de las convenciones sociales. Además, siguiendo la idea de Jean Levi que dijo: “ningún autócrata ha disfrutado de un poder comparable a aquel del que goza un pobre diablo que tiene la intención de quitarse la vida”, dibujó, en la figura de Geoffrey Firmin, al hombre verdadero que llega a ser poderoso en el momento en que, por decisión propia, es un ser para la muerte. Es por eso que el Cónsul vive una vida de marginado social, muy parecida a la de aquellos hombres sabios de la antigüedad que dormían como perros, comían como perros y acababan muertos como perros. “De pronto gritó, y fue como si este grito fuera proyectado de árbol en árbol, como si sus ecos regresasen y, luego, como si los árboles se cerraran sobre su cabeza, apiñados, se cerrasen sobre su cuerpo, compadecidos... Alguien tiró tras él un perro muerto en la barranca”.

FG
Quauhnáhuac
27.05.18


domingo, 20 de mayo de 2018

Geoffrey Firmin, alquimista




La alquimia surgió entre los griegos y los chinos, los alejandrinos la hicieron progresar al inventar el alambique y, a través de ellos, pasó a los árabes, quienes la introdujeron en Europa entre los siglos XIII y XIV para luego decaer a partir del siglo XVI. Los alquimistas idearon experimentos y perfeccionaron técnicas por las que pretendían lograr la transmutación de los metales. Pero su base era espiritual: a través de la “Gran Obra”, es decir, el hallazgo de la piedra filosofal y el elixir de la inmortalidad, el hombre debía transformarse a sí mismo hasta afirmar su unidad interior y con el Cosmos, del que formaba una parte escindida. Su carácter místico e iniciático llevó a sus practicantes a usar un lenguaje hermético. El Cónsul, como buen alquimista, en muchas ocasiones usa este lenguaje para tratar de las sombras entre las que se mueve y buscar la inmortalidad, de allí el desconcertante anuncio: “¿Le gusta este jardín que es suyo? ¡Evite que sus hijos lo destruyan!”. El Cónsul no aspira a cambiar los metales en oro, ni pretende encontrar la panacea, busca más bien encontrar la permanencia que acaso halló como alquimista, en el último momento: por el fuego... “...caía en el interior del volcán, después de todo debió haberlo ascendido, si bien ahora había ese ruido de lava insinuante que crepitaba en sus oídos horrísonamente, era una erupción, aunque no, no era el volcán, era el mundo mismo lo que estallaba, estallaba en negros chorros de ciudades lanzadas al espacio, con él, que caía en medio de todo, en el inconcebible estrépito de un millón de tanques, en medio de las llamas en que ardía un millón de cadáveres, caí en un bosque, caía...”
En los altos estantes de su biblioteca “miraba, ¡por Dios!, Un Tratado del Azufre, escrito por Michall Sandivogius i. e. en anagrama Divi Leschi Genus Amo: El Triunfo Hermético o la Piedra Filosofal Vencedora, Tratado más completo y más inteligible que cualquiera de los hasta hoy escritos, referente al Magisterio Hermético” y se miraba a sí mismo ¡por Dios!, como alquimista de esos que todavía practican el sutil arte del combate consigo mismo.

FG
Quauhnáhuac
20.05.18