FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

jueves, 9 de mayo de 2019

Las confesiones de la carne

Obra de John Spencer


En el Cuaderno haitiano (1948) Malcolm Lowry escribió: “Francamente, creo que no tengo el don de escribir. Empecé como plagiario y luego me volví alcohólico. Luego me hice trabajador empeñoso, podría decirse, novelista. Ahora vuelvo a ser alcohólico. Pero lo que siempre quise fue ser poeta”. Claro, lo que ahora sabemos es que Lowry fue un escritor sagrado, no porque Bajo el volcán haya sido dictado, como dicen que fueron dictados por el Espíritu los libros sagrados de las diferentes tradiciones religiosas, desde los Upanishad hasta el Libro de Mormón, sino porque trata de la vida y la muerte. De la experiencia de la vida en carne viva, de la vida viva, la vida pura que es lo que los antiguos llamaban la vida pánica o el furor sagrado: el yo consciente dentro del gran todo. Y de la experiencia de la muerte, de la muerte desnuda, la muerte que deja huesos mondos y lirondos y, a veces, como en el caso del Cónsul, deja el cadáver de un hombre junto al cadáver de un perro. Una muerte plena.

Al final, hay un punto de identificación vida-muerte, el final es el principio, de hecho, el lector llega al final y debe volver a la primera página para recomenzarlo todo. Pero, “¿cómo podía uno volver a empezar desde el principio, como si el café Chagrin y el Farolito nunca hubieran existido? ¿O sin ellos? ¿Podría permanecer fiel a Yvonne y al Farolito?. .. ¡Oh, Cristo, faro del mundo! ¿Cómo, y con qué ciega fe, podría uno encontrar el camino de vuelta, luchar en el regreso, ahora, en medio de tumultuosos horrores de cinco mil estrepitosos despertares, cada uno más espantoso que el anterior, de un lugar en el que ni siquiera el amor podía penetrar y en el que, salvo en las llamas más espesas, no había valor?” (Bajo el volcán, Capítulo VII).

En la antigüedad, en Egipto, más de dos mil años antes de Nuestra Era, surgió un símbolo del universo que es como una mitológica entidad inmortal: Uróboros. En realidad, representa un estado primordial antes del ego, una infancia idílica e indiferenciada, idílica tanto para el individuo como para la humanidad y es el ideal del final: volver al punto de donde partimos. En la vieja imagen de uróboros yace la idea de devorarse a sí mismo y convertirse uno mismo en un proceso circulatorio sin fin: somos la materia prima de nuestra propia construcción, somos carne de nuestra carne, somos el lugar donde se integran y asimilan los opuestos. Este proceso de retroalimentación es al mismo tiempo un símbolo de la eternidad. Pero inmersos como estamos en la sucesión, en un continuo presente que viene y se va imperceptiblemente y en un mundo de atmósfera onírica donde no hay nada de que fiarse, salvo el propio juicio subjetivo tan falible, de nada estamos seguros, excepto, tal vez, de ser conscientes de que somos conscientes…


Salú!
FG
Quauhnáhuac
09.05.19

miércoles, 24 de abril de 2019

Gordon Bowker

Acabamos de enterarnos, por una comunicación de Mrs. Ramdei Bowker con nuestro compañero Alberto Rebollo, del fallecimiento de Gordon Bowker el pasado 14 de enero de 2019.
Gordon Bowker (Birmingham, Inglaterra) fue escritor y periodista. Impartió cursos de filosofía, filología inglesa y sociología en la Universidad de Nottingham e hizo una maestría en artes en la Universidad de Londres. Fue catedrático de sociología en el Goldsmiths College de Londres. Su trabajo sobre la vida de Malcolm, Lowry Pursued by Furies. A Life of Malcolm Lowry, publicado en Inglaterra en 1993 es una guía imprescindible para los interesados.
Descanse en Paz.





domingo, 21 de abril de 2019

Botellas...



The Consul dropped his eyes at last. How many bottles since then? In how many glasses, how many bottles had he hidden himself, since then alone? Suddenly he saw them, the bottles of aguardiente, of anís, of jerez, of Highland Queen,  the glasses, a babel of glasses — towering, like the smoke from the train that day — built to the sky, then falling, the glasses toppling acid crashing, falling downhill from the Generalife Gardens, the bottles breaking, bottles of Oporto, tinto, blanco, bottles of Pernod, Oxygénée, absinthe, bottles smashing, bottles cast aside, falling with a thud on the ground in parks, under benches, bed’s, cinema seats, hidden in drawers at Consulates, bottles of Calvados dropped and broken, or bursting into smithereens, tossed into garbage heaps, flung into the sea, the Mediterranean, the Caspian, the Carribbean, bottles floating in the ocean, dead Scotchmen on the Atlantic highlands — and now he saw them, smelt them, all, from the very beginning— bottles, bottles, bottles, and glasses, glasses, glasses, of bitter, of Dubonnet, of Falstaff, Rye, Johnny Walker, Vieux Whisky, blanc Canadien, the apéritifs, the digestifs, the demis, the dobles, the noch ein Herr Obers, the et glas Araks, the tusen taks, the bottles, the bottles, the beautiful bottles of tequila, and the gourds, gourds, gourds, the millions of gourds of beautiful mescal... The Consul sat very still. His conscience sounded muffled with the roar of water. It whacked and whined round the wooden frame-house with the spasmodic breeze, massed, with the thunderclouds over the trees, seen through the windows, its factions. How indeed could he hope to find himself to begin again when, somewhere, perhaps, in one of those lost or broken bottles, in one of those glasses, lay, for ever, the solitary clue to his identity? How could he go back and look now, scrabble among the broken glass, under the eternal bars, under the oceans?

Under the Volcano, Chapter 10





El Cónsul bajó al fin los ojos. ¿Cuántas botellas desde entonces? ¿En cuántos vasos, en cuántas botellas se había escondido, solo, desde entonces? De pronto las vio, botellas de aguardiente, anís, jerez, Highland Queen, las copas, una babel de copas —que ascendía como el humo del tren aquel día— construida hasta el cielo y que luego se derrumbaba y los vasos se volcaban y rompíanse y rodaban cuesta abajo por la pendiente de los Jardines del Generalife, las botellas se quebraban, botellas de oporto, tinto, blanco, botellas de Pernod, Oxygenée, ajenjo, botellas que se hacían añicos, botellas desechadas que caían con golpe seco en los terrenos de los jardines, bajo las bancas, camas, butacas de cine, ocultas en cajones de los consulados, botellas de Calvados que al caer rompíanse o se hacían añicos, las que caían en montones de basura, las que eran arrojadas al mar, al Mediterráneo, al Caspio, al Caribe, botellas que flotaban en el océano, escoceses muertos en las montañas del Atlántico, y ahora las veía, las olía a todas ellas, desde el principio: botellas, botellas, botellas y copas, copas, copas, de amargo Dubonnet o de Falstaff, rye, Johnny Walker, Vieux Whiskey blanc Canadien, aperitivos, digestivos, demis, los dobles, los noch ein Herr Obers, los etglas Araks, tusen taks, las botellas, las hermosas botellas de tequila y las ollas, ollas, ollas, los millones de ollas de hermoso mezcal... El Cónsul permaneció sentado completamente inmóvil. Su conciencia resonaba apagada por el estrépito del agua. Golpeaba y gemía con la brisa espasmódica en torno a la armazón de madera de la casa, amontonaba, con los nubarrones de tempestad que se veían de, las ventanas por encima de los árboles, sus atalayas. ¿Cómo podía encontrarse a sí mismo, comenzar de nuevo, cuando, en algún lugar, tal vez, en una de aquellas botellas rotas o perdidas, en una de esas copas, se hallaba, para siempre, la 
clave solitaria de su identidad? ¿Cómo volver atrás y buscar ahora. husmear entre los vidrios rotos bajo los eternos bares, bajo los océanos?

Bajo el volcán, Capítulo X




Libro sagrado V

Antes, creíamos que el Origen (con “O” mayúscula, por supuesto) daba orden y sentido al conjunto, pero Darwin (1809-1882) comenzó a pensar de modo más humilde, pensó en el ojo, por ejemplo, y descubrió que la información genética y las presiones ambientales, la selección natural, funcionan de manera no intencionada y contingente para producir la enorme variedad de ojos que tenemos en este planeta y que seguirán transformándose en un proceso que va a desencajar, deformar, transformar y transfigurar a los ojos hasta el fin de los tiempos…

También creíamos que teníamos una ascendencia sagrada, que veníamos de una estirpe de dioses con un Plan Maestro, pero Marx (1818-1883) comenzó a pensar de modo más humilde y revisó la historia y descubrió que “el hombre produce al hombre” y que hemos ido transformándonos en un proceso que va a desencajar, deformar, transformar y transfigurar a las personas hasta el fin de los tiempos…

En su libreta personal, Malcolm Lowry trazó una línea abajo del 7 de junio de 1944 y copió allí la historia del Génesis, cuando Adán y Eva fueron expulsados del paraíso. No podemos volver al paraíso, ese estado de inocencia prehumano está perdido para siempre. Sólo nos queda seguir adelante en un proceso que va a desencajarnos, deformarnos, transformarnos y transfigurarnos hasta el fin de los tiempos…

Impulsados por un constante desequilibrio (como el Cónsul), nos hemos convertido en peregrinos (como el Cónsul) y estamos obligados a caminar (como el Cónsul), con esfuerzo constante (como el Cónsul), a lo desconocido. “…mientras que él caía, caía en el interior del volcán, después de todo debió haberlo ascendido, si bien ahora había este ruido de lava insinuante que crepitaba en sus oídos horrísonamente, era una erupción, aunque no, no era el volcán, era el mundo mismo lo que estallaba, estallaba en negros chorros de ciudades lanzadas al espacio, con él, que caía en medio de todo, en el inconcebible estrépito de un millón de tanques, en medio de las llamas en que ardía un millón de cadáveres, caía en un bosque, caía...” (Bajo el volcán, Capítulo XII).

La única salida posible es seguir adelante y enfrentar la verdad: admitir que no hay un poder trascendente, que estamos aquí solos ante la indiferencia del universo, que la vida es mortal y pasajera, que somos responsables de nosotros mismos y que usando nuestros propios poderes es posible dar significado a nuestra vida.

Enfrentar la verdad, sin pánico, puede llevarnos a reconocer que no existe otro significado de la vida más allá del que podemos darle al desplegar nuestros poderes (la curiosidad, la imaginación, el raciocinio, la creatividad, el trabajo, el amor) y que sólo una consciencia constante puede evitar que fracasemos. Igual que el Cónsul en Bajo el volcán. Claro, el costo es alto, es altísimo porque supone innovar sin saber bien a bien cómo; pero, qué más da, el costo siempre ha sido alto desde que salimos del paraíso… y el camino no tiene fin… El viaje que nunca termina

¿Le gusta este jardín que es suyo?

¡Evite que sus hijos lo destruyan!


FG
Quauhnáhuac
21.04.19

domingo, 31 de marzo de 2019

Libro Sagrado IV



A la pregunta de Lowry: “¿para qué?”, Píndaro contesta a dos mil quinientos años de distancia: para agotar “toda la extensión de lo posible”.

El cosmos es materia en acción que avanza en todas las direcciones y abarca todas las posibilidades admisibles, una de tantas es la vida en este planeta y dentro de la vida, una de tantas, el hombre que a “…la tierra también, la anciana diosa, incansable, inmortal, ha domeñado…” (Sófocles) y, en el plan de Lowry, una de tantas, entre todas las vidas posibles, la del Cónsul, “el ‘bicho’… No quiero decir ‘Bitch’ sino el ‘bicho’ el de los ojos azules…”, ése que va descubriéndose a sí mismo mientras avanza entre las páginas de Bajo el volcán.

Pero, claro, ese ‘bicho’ tiene voluntad y es dueño de sí, es libre. Lowry, que sabía tantas cosas, seguramente conocía esa hermosa sentencia de Marx (1818-1883): “el hombre produce al hombre” que no quiere decir que deba re-producirse tal como lo habría concebido la naturaleza o tal como lo prescribe su esencia repitiéndose igual una y otra vez, sino que se produce como algo nuevo, como algo que no podemos saber qué será.

En el transcurso de la historia, la humanidad no ha cesado de construirse a sí misma y está embarcada en un proceso que la desencaja, la deforma, la transforma y la transfigura y eso es “el viaje que nunca termina” que Lowry postuló.

Es decir, usando su libertad, ese ‘bicho’ es rebelde y desobedece, no se deja constreñir por su esencia y fuerza las cosas para ir más allá, hasta el límite, para destruirse y transfigurarse. El verdadero creador es aquel que también es destructor. Renuncia a las convenciones, a la repetición y mira, con sus ojos azules, el delirio…

El Cónsul es un ser que está siendo haciéndose, un ser en devenir que sueña y desea un mundo con otros seres y otras relaciones… aunque eso le cueste, entre otras cosas, la felicidad y la vida…

“¡Ah, Yvonne, amor mío, perdóname! Potentes manos lo alzaban. Abriendo los ojos, miró hacia abajo esperando hallar a sus pies la espléndida selva, las cumbres, el ‘Pico de Orizaba’, la Malinche, el ‘Cofre de Perote’, semejantes a aquellas cimas de su vida, conquistadas una tras otra, antes de lograr con éxito este supremo ascenso, si bien de modo poco convencional. Pero no había nada: ni cumbres ni vida ni ascenso. Ni tampoco era esta su cúspide, una cúspide exactamente: no tenía sustancia, no tenía bases firmes. También esto, fuera lo que fuese, se desmoronaba…” (Bajo el volcán, Capítulo XII).

FG
Quauhnáhuac
31.03.19


jueves, 14 de marzo de 2019

Sobre Lowry

Les invitamos a ver este video hecho con las 175 portadas que se pintaron para la 3a edición del libro Sobre Lowry. Lo realizó, para La Cartonera, Misael Cedillo (LXP Creative Agency) con música de Alfred Polansky de su disco The Malcolm Lowry Project.

Las portadas fueron pintadas por: 
Abril García, Alison Lee Schroeder, Ana Laura Basurto, Brian O´Neill, Carlos Ortega, Cisco Jiménez, Dany Hurpin, Darío Camargo, Efrén Galván, Gerardo Camargo, Gilda Cruz R., Jan Bonsema, Juan Machín, Julia Gómez, Liliana López, Lizza Sandoval, Maricela Figueroa, Matthieu de Maximy, Nayeli Sánchez, Oscar Menéndez, Pilar Hinojosa, Remi Blanchard, Roberto Malpica, Rocato, Saveuk, Víctor Góchez, Víctor Hugo Sánchez R.


miércoles, 6 de marzo de 2019

Libro sagrado III



Los caminos se cierran y no hay retorno posible. La justicia es inverosímil; el perdón, impensable y el amor, incompleto. Fueron echados del Paraíso por destruir el Jardín y no hay atajos de regreso, ángeles con espadas de fuego custodian la entrada, sólo queda seguir adelante en el camino abierto a partir de suposiciones, un camino que se aleja cada vez más del Jardín, pero que ahonda en la libertad personal y que permite la invención de sí mismo. Es decir, sólo queda la labor del héroe, cuyo trabajo consiste en generar nuevos paradigmas.

El concepto de héroe apareció por primera vez en Grecia y fue Píndaro (aquel que 500 años antes de Cristo dijo: “no aspires a la inmortalidad, pero agota toda la extensión de lo posible”, volveremos sobre el tema) quien distinguió entre dioses, héroes y hombres. A su vez Platón diferenció dioses, demonios, héroes y hombres. En la época arcaica, Hesiodo definió héroe como “semidiós” o “dios local”, mientras que Aristóteles declaró que los héroes eran, tanto física como moralmente, superiores a los hombres.

El héroe, aunque es objeto de culto, no es, en modo alguno, una divinidad. Tampoco es un ser humano, o por decir mejor, ya no es un ser humano. Ha sido un ser humano y, tras haber vivido, los que le sobreviven cantan sus altas proezas y siguen su ejemplo.

Geoffrey Firmin, El Frijolillo, Cónsul en la sinecura de Quauhnáhuac “un puesto en el que existían menores probabilidades de que fuera a causar molestias al Imperio…” (Bajo el volcán, Capítulo I) es el héroe que Lowry va inventando en la novela, es un héroe que no tiene ninguna moral general que le indique lo que hay que hacer, sólo sabe que es libre y que debe elegir. Enfrentado a su destino, elige “…en alas del noto entre la bruma / cruza la blanca mar, sin que le asombre / la hinchada ola de rugiente espuma…” como pone en el epígrafe tomado de Sófocles, pero a pesar de que elige y toma decisiones, no entiende “¿Por qué estamos aquí en lugar indebido y posición indebida, tan lejos, tan lejos, tan lejos de casa?” (Bajo el volcán, Capítulo XI) Pero, ¿cuál casa? ¿No es ésta nuestra casa?


Lowry levanta la mano y señala más allá, mucho más allá, arriba, porque “…esta noche, como hacía cinco mil años, saldrían y se ocultarían: Capricornio, Acuario, con Formalhaut solitario; Piscis y Aries; Tauro con Aldebarán y las Pléyades. “Cuando Escorpión se oculta en el sudoeste, las Pléyades se levantan en el nordeste. Y Ceto, la Ballena, con Mira”. Esta noche, como hace muchos siglos, la gente repetía estas palabras, o cerraba sus puertas, huyendo de las estrellas con acongojada agonía o se acercaba a ellas para decir amorosamente: “Aquella es nuestra estrella, tuya y mía”. O con ellas se orientaba más allá de las nubes o, extraviada en los mares o de pie en el castillo de proa y bañada por la brisa marina, de súbito las miraba mecerse; ponía en ellas su fe o su falta de fe; dirigía hacia ellas, en mil observatorios, los débiles telescopios en cuyas lentes nadaban enjambres de estrellas y nubes de astros oscuros y muertos, catástrofes de soles que habían estallado, o la gigantesca Antares que rabiaba hasta extinguirse, ardiente rescoldo pero quinientas veces mayor que el sol que ilumina la tierra. Y la tierra misma que sigue girando sobre su eje, rotando en torno de aquel sol, y el sol que gira en torno a la rueda luminosa de esta galaxia, las ruedas incontables, inconmensurables y cubiertas de joyas de incontables e inconmensurables galaxias que giran, giran, giran majestuosamente en lo infinito, en la eternidad, durante todo lo cual la vida seguía su curso. Mucho después de que Yvonne muriese, los hombres seguirían leyendo todo esto en el cielo nocturno, y a medida que la tierra girase durante aquellas lejanas estaciones y ellos contemplasen las constelaciones que seguían ascendiendo, culminando, poniéndose para volver a surgir —Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra y Escorpión, Capricornio cabra marina, y Acuario, portador de las aguas, Piscis, y luego, de nuevo y triunfalmente ¡Aries!— ¿acaso no seguirían también ellos preguntándose la eterna, la insoluble interrogante: ¿para qué?” (Bajo el volcán, Capítulo XI).
FG
Quauhnáhuac
06.03.19


viernes, 22 de febrero de 2019

Merecedores...

…Human beings finally, lovers out of their element — their Eden, without either knowing quite why, beginning to turn under their noses into a prison and smell like a brewery, their only majesty at last that of tragedy. Ghosts. Ghosts, as at the Casino, certainly lived here. And a ghost who still said: ‘It is our destiny to come here, Carlotta. Look at this rolling glorious country, its hills, its valleys, its volcanoes beautiful beyond belief. And to think that it is ours! Let us be good and constructive and make ourselves worthy of it!
Under the Volcano, Chapter 1










…Seres humanos después de todo, amantes fuera de su elemento, su Edén, sin que ninguno supiese porqué, comenzó a transformarse ante sus ojos en prisión y a apestar a cervecería, quedando, a la larga, como única majestad, la tragedia. Fantasmas. Fantasmas, como en el Casino, vivían aquí ciertamente. Y un fantasma seguía diciendo: —Es nuestro destino venir aquí, Carlota. Mira este glorioso país montañoso; mira sus colinas, sus valles, sus volcanes increíblemente bellos. ¡Y pensar que es nuestro! Seamos buenos y constructivos y hagámonos merecedores de él…
Bajo el volcán, Capítulo I

lunes, 11 de febrero de 2019

Libro sagrado II



La justicia y la iniquidad están siempre emparentadas con la venganza y el perdón. En el pasado, la venganza fue siempre un deber. Mejor que llorar a un amigo muerto era vengarlo. Héctor mata a Patroclo (Ilíada, Canto XVI) y Aquiles, transido de dolor, toma las armas, derrota a los troyanos y mata a Héctor, general e hijo mayor del rey Príamo, pero luego, Paris, hermano de Héctor, mata a Aquiles hiriéndolo con una flecha envenenada en su talón.

Jesús de Nazaret escandalizó al mundo griego y romano predicando el perdón y el amor a los enemigos. También escandalizó con su idea de un Dios de amor que desempeña un papel fundamental cuando nos encontramos con ciertas ofensas que no podemos perdonar ni castigar, cuando somos incapaces de justicia o perdón, es decir, incapaces de perdonar lo que no podemos castigar o incapaces de castigar lo que resulta imperdonable. Este es el poder liberador del amor que otorga una inigualada claridad de visión porque nos permite ver al otro en su proceso de construcción: el camino que va del No-Ser al Ser ("El viaje que nunca termina"). Ver al otro no como es, sino como puede ser. Pero, el amor nos expulsa del mundo y, es innegable, el amor es un hecho infrecuente en la vida humana.

Luego vinieron Blake (1757-1827) y Nietzsche (1844-1900) que opinaron que el perdón es una cobardía y que no debemos guardar en nuestras almas deseos insatisfechos o reprimidos porque son peligrosos. Además de que el perdón supone que quien perdona se erige en tribunal y eso es un acto de soberbia. Y entonces, volvemos al principio: la justicia, la iniquidad, el perdón y la venganza y la pobre humanidad sufriente yendo errática e indescifrablemente… y, con ella, Geoffrey Firmin, el Cónsul, tratando de reconciliarse consigo mismo y su destino, pero oyendo también a Unamuno (1864-1936) que dijo que al final, toda vida es un fracaso, y a Schopenhauer (1788-1860) que ya había escrito El mundo como voluntad y representación...


“Pasaron ante la fachada del Palacio de Cortés; luego, del lado del muro ciego, descendieron por el risco que lo atraviesa a lo largo. Con su recorrido abrieron un atajo hacia la calle Tierra del Fuego que, formando una curva más lejos, les salió al encuentro, pero como la escarpa era poco menos que un montón de basura con desechos humeantes, tuvieron que caminar con precaución. Sin embargo, Yvonne respiraba más libremente ahora que dejaban atrás el centro de la ciudad. La despedida, pensó. Después de que la humedad y los desperdicios concluyeran su labor, las dos mitades separadas de aquella roca reventada se desmoronarían. Era inevitable; así lo decía la foto... ¿Sería así, en efecto? ¿Acaso no existía algún medio para salvar a esa pobre roca, de cuya inmutabilidad nadie, poco antes, se hubiera atrevido a dudar? ¡Ah! ¿quién hubiera osado imaginarla sino como una sola roca íntegra? Pero aun admitiendo que se hubiese separado, ¿no habría manera —antes de que se produjese la desintegración total— de salvar cuando menos las mitades separadas? no la había. La violencia del fuego que había resquebrajado la roca hasta dividirla, incitaba a la destrucción independiente de cada mitad, anulando la fuerza que pudo haberlas mantenido como unidades: ¡Oh! pero ¿por qué —merced a qué fantástica taumaturgia geológica— no habrían de soldarse una vez más las partes? Yvonne ansiaba sanar la roca hendida. Era ella misma una de las rocas y anhelaba salvar a la otra, para que ambas pudiesen salvarse. Con un esfuerzo superior a su energía se obligaba a acercársele, vertía sus ruegos, sus lágrimas apasionadas, otorgaba todo su perdón: pero la otra roca permanecía inmutable. Todo eso está muy bien —decía— pero ocurre que es culpa tuya; en cuanto a mí, me propongo desintegrarme cuando mejor me plazca” (Bajo el volcán, Capítulo II).

FG
Quauhnáhuac
11.02.19