FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

viernes, 2 de junio de 2017

¡Borraaacho!

En el crepúsculo del día de muertos de 1939, el doctor Arturo Díaz Vigil y M. Jacques Laruelle, vestidos de franela blanca, bebiendo Anís del Mono después de haber jugado al tenis y al billar, nos contarán lo que había pasado un año antes: “Pero, ‘¡hombre!’ ¡Yvonne volvió! Eso es lo que nunca podré entender. ¡Volvió a su lado!” y lo encontró en el bar del Hotel Bella Vista en las primeras horas de la mañana, después “volvieron a salir a la calle: cuando la atravesaron, Yvonne se alegró de la excusa que le ofrecía la vitrina de la imprenta para aliñarse un poco. (…) Desde el espejo del escaparate la criatura oceánica que le devolvía la mirada estaba a tal grado impregnada y bronceada por el sol y acariciada por la brisa marina y la espuma que, a pesar de que hacía los furtivos movimientos de la vanidad de Yvonne, parecía cabalgar sobre la resaca, más allá del dolor humano. Pero el sol tornaba el dolor en veneno, y un cuerpo radiante sólo servía para mofarse de un corazón adolorido; Yvonne lo sabía, aunque aquella bronceada criatura, hija de las olas, de la orilla del mar y de hierbas peinadas por el viento, lo ignorase.” De la mano de esta extraordinaria mujer e iluminado por el mezcal, “única luz en las tinieblas” (Camus dixit), Geoffrey Firmin vio una de las maniobras entre el infierno y el paraíso sobre el candente polvo de Quauhnáhuac: la desolación del amor, el desaforado ímpetu de la soledad, el júbilo de la fiesta, la aflicción de no haber sido feliz, la fina membrana que defiende la vida sobre el planeta tierra y el mar inacabable de la muerte. Vio también los horrores del mundo y el indecible júbilo que concede el hecho de dejar todo y largarse. Amezcalado percibió el lado oculto de las cosas, aquello que la mente discursiva no ve porque no cabe en sus esquemas rígidos y aberrantes la multiforme variedad del mundo.

En el último capítulo de Bajo el volcán Geoffrey está listo y por eso es rotundo: “—Mezcal —dijo el Cónsul. El cuarto principal de ‘El Farolito’ estaba desierto. Desde un espejo que, colgado tras el bar, también reflejaba la puerta abierta a la plaza, su propio rostro, mudo, lo miró fijamente…”

El mezcal consiente el movimiento entre las sombras, rompe la rigidez de la mente, expande el horizonte de nuestro conocimiento racional que analiza pero no comprende y abre las puertas a lo múltiple, lo diverso, lo disímil, lo inasible, lo contradictorio. A la luz del mezcal el mundo se comporta distinto, tiene voluntad, se mueve, toma sus propias decisiones, parece vivo, como si fuera un formidable animal que sufriera comezones en el lomo. El mezcal arrastra la conciencia y la hunde, pone de manifiesto la verdad y abre la posibilidad del perdón que es también olvido. Pero, ‘El Farolito’ “no estaba en silencio. Lo invadía aquel latido: el tic-tac de su reloj de pulsera, de su corazón, de su conciencia, de algún otro reloj. También, de muy abajo, venía un lejano rumor de hirientes y amargas acusaciones que él mismo lanzaba contra su propia desdicha, voces como de un altercado, la suya más potente que las demás, mezclada ahora a las otras que parecían gemir acongojadas en la distancia: —¡‘Borracho’, ‘Borrachón’, ‘Borraaacho”!”…
 
FG
 
 

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