FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.


domingo, 31 de marzo de 2019

Libro Sagrado IV



A la pregunta de Lowry: “¿para qué?”, Píndaro contesta a dos mil quinientos años de distancia: para agotar “toda la extensión de lo posible”.

El cosmos es materia en acción que avanza en todas las direcciones y abarca todas las posibilidades admisibles, una de tantas es la vida en este planeta y dentro de la vida, una de tantas, el hombre que a “…la tierra también, la anciana diosa, incansable, inmortal, ha domeñado…” (Sófocles) y, en el plan de Lowry, una de tantas, entre todas las vidas posibles, la del Cónsul, “el ‘bicho’… No quiero decir ‘Bitch’ sino el ‘bicho’ el de los ojos azules…”, ése que va descubriéndose a sí mismo mientras avanza entre las páginas de Bajo el volcán.

Pero, claro, ese ‘bicho’ tiene voluntad y es dueño de sí, es libre. Lowry, que sabía tantas cosas, seguramente conocía esa hermosa sentencia de Marx (1818-1883): “el hombre produce al hombre” que no quiere decir que deba re-producirse tal como lo habría concebido la naturaleza o tal como lo prescribe su esencia repitiéndose igual una y otra vez, sino que se produce como algo nuevo, como algo que no podemos saber qué será.

En el transcurso de la historia, la humanidad no ha cesado de construirse a sí misma y está embarcada en un proceso que la desencaja, la deforma, la transforma y la transfigura y eso es “el viaje que nunca termina” que Lowry postuló.

Es decir, usando su libertad, ese ‘bicho’ es rebelde y desobedece, no se deja constreñir por su esencia y fuerza las cosas para ir más allá, hasta el límite, para destruirse y transfigurarse. El verdadero creador es aquel que también es destructor. Renuncia a las convenciones, a la repetición y mira, con sus ojos azules, el delirio…

El Cónsul es un ser que está siendo haciéndose, un ser en devenir que sueña y desea un mundo con otros seres y otras relaciones… aunque eso le cueste, entre otras cosas, la felicidad y la vida…

“¡Ah, Yvonne, amor mío, perdóname! Potentes manos lo alzaban. Abriendo los ojos, miró hacia abajo esperando hallar a sus pies la espléndida selva, las cumbres, el ‘Pico de Orizaba’, la Malinche, el ‘Cofre de Perote’, semejantes a aquellas cimas de su vida, conquistadas una tras otra, antes de lograr con éxito este supremo ascenso, si bien de modo poco convencional. Pero no había nada: ni cumbres ni vida ni ascenso. Ni tampoco era esta su cúspide, una cúspide exactamente: no tenía sustancia, no tenía bases firmes. También esto, fuera lo que fuese, se desmoronaba…” (Bajo el volcán, Capítulo XII).

FG
Quauhnáhuac
31.03.19


jueves, 14 de marzo de 2019

Sobre Lowry

Les invitamos a ver este video hecho con las 175 portadas que se pintaron para la 3a edición del libro Sobre Lowry. Lo realizó, para La Cartonera, Misael Cedillo (LXP Creative Agency) con música de Alfred Polansky de su disco The Malcolm Lowry Project.

Las portadas fueron pintadas por: 
Abril García, Alison Lee Schroeder, Ana Laura Basurto, Brian O´Neill, Carlos Ortega, Cisco Jiménez, Dany Hurpin, Darío Camargo, Efrén Galván, Gerardo Camargo, Gilda Cruz R., Jan Bonsema, Juan Machín, Julia Gómez, Liliana López, Lizza Sandoval, Maricela Figueroa, Matthieu de Maximy, Nayeli Sánchez, Oscar Menéndez, Pilar Hinojosa, Remi Blanchard, Roberto Malpica, Rocato, Saveuk, Víctor Góchez, Víctor Hugo Sánchez R.


miércoles, 6 de marzo de 2019

Libro sagrado III



Los caminos se cierran y no hay retorno posible. La justicia es inverosímil; el perdón, impensable y el amor, incompleto. Fueron echados del Paraíso por destruir el Jardín y no hay atajos de regreso, ángeles con espadas de fuego custodian la entrada, sólo queda seguir adelante en el camino abierto a partir de suposiciones, un camino que se aleja cada vez más del Jardín, pero que ahonda en la libertad personal y que permite la invención de sí mismo. Es decir, sólo queda la labor del héroe, cuyo trabajo consiste en generar nuevos paradigmas.

El concepto de héroe apareció por primera vez en Grecia y fue Píndaro (aquel que 500 años antes de Cristo dijo: “no aspires a la inmortalidad, pero agota toda la extensión de lo posible”, volveremos sobre el tema) quien distinguió entre dioses, héroes y hombres. A su vez Platón diferenció dioses, demonios, héroes y hombres. En la época arcaica, Hesiodo definió héroe como “semidiós” o “dios local”, mientras que Aristóteles declaró que los héroes eran, tanto física como moralmente, superiores a los hombres.

El héroe, aunque es objeto de culto, no es, en modo alguno, una divinidad. Tampoco es un ser humano, o por decir mejor, ya no es un ser humano. Ha sido un ser humano y, tras haber vivido, los que le sobreviven cantan sus altas proezas y siguen su ejemplo.

Geoffrey Firmin, El Frijolillo, Cónsul en la sinecura de Quauhnáhuac “un puesto en el que existían menores probabilidades de que fuera a causar molestias al Imperio…” (Bajo el volcán, Capítulo I) es el héroe que Lowry va inventando en la novela, es un héroe que no tiene ninguna moral general que le indique lo que hay que hacer, sólo sabe que es libre y que debe elegir. Enfrentado a su destino, elige “…en alas del noto entre la bruma / cruza la blanca mar, sin que le asombre / la hinchada ola de rugiente espuma…” como pone en el epígrafe tomado de Sófocles, pero a pesar de que elige y toma decisiones, no entiende “¿Por qué estamos aquí en lugar indebido y posición indebida, tan lejos, tan lejos, tan lejos de casa?” (Bajo el volcán, Capítulo XI) Pero, ¿cuál casa? ¿No es ésta nuestra casa?


Lowry levanta la mano y señala más allá, mucho más allá, arriba, porque “…esta noche, como hacía cinco mil años, saldrían y se ocultarían: Capricornio, Acuario, con Formalhaut solitario; Piscis y Aries; Tauro con Aldebarán y las Pléyades. “Cuando Escorpión se oculta en el sudoeste, las Pléyades se levantan en el nordeste. Y Ceto, la Ballena, con Mira”. Esta noche, como hace muchos siglos, la gente repetía estas palabras, o cerraba sus puertas, huyendo de las estrellas con acongojada agonía o se acercaba a ellas para decir amorosamente: “Aquella es nuestra estrella, tuya y mía”. O con ellas se orientaba más allá de las nubes o, extraviada en los mares o de pie en el castillo de proa y bañada por la brisa marina, de súbito las miraba mecerse; ponía en ellas su fe o su falta de fe; dirigía hacia ellas, en mil observatorios, los débiles telescopios en cuyas lentes nadaban enjambres de estrellas y nubes de astros oscuros y muertos, catástrofes de soles que habían estallado, o la gigantesca Antares que rabiaba hasta extinguirse, ardiente rescoldo pero quinientas veces mayor que el sol que ilumina la tierra. Y la tierra misma que sigue girando sobre su eje, rotando en torno de aquel sol, y el sol que gira en torno a la rueda luminosa de esta galaxia, las ruedas incontables, inconmensurables y cubiertas de joyas de incontables e inconmensurables galaxias que giran, giran, giran majestuosamente en lo infinito, en la eternidad, durante todo lo cual la vida seguía su curso. Mucho después de que Yvonne muriese, los hombres seguirían leyendo todo esto en el cielo nocturno, y a medida que la tierra girase durante aquellas lejanas estaciones y ellos contemplasen las constelaciones que seguían ascendiendo, culminando, poniéndose para volver a surgir —Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra y Escorpión, Capricornio cabra marina, y Acuario, portador de las aguas, Piscis, y luego, de nuevo y triunfalmente ¡Aries!— ¿acaso no seguirían también ellos preguntándose la eterna, la insoluble interrogante: ¿para qué?” (Bajo el volcán, Capítulo XI).
FG
Quauhnáhuac
06.03.19


viernes, 22 de febrero de 2019

Merecedores...

…Human beings finally, lovers out of their element — their Eden, without either knowing quite why, beginning to turn under their noses into a prison and smell like a brewery, their only majesty at last that of tragedy. Ghosts. Ghosts, as at the Casino, certainly lived here. And a ghost who still said: ‘It is our destiny to come here, Carlotta. Look at this rolling glorious country, its hills, its valleys, its volcanoes beautiful beyond belief. And to think that it is ours! Let us be good and constructive and make ourselves worthy of it!
Under the Volcano, Chapter 1










…Seres humanos después de todo, amantes fuera de su elemento, su Edén, sin que ninguno supiese porqué, comenzó a transformarse ante sus ojos en prisión y a apestar a cervecería, quedando, a la larga, como única majestad, la tragedia. Fantasmas. Fantasmas, como en el Casino, vivían aquí ciertamente. Y un fantasma seguía diciendo: —Es nuestro destino venir aquí, Carlota. Mira este glorioso país montañoso; mira sus colinas, sus valles, sus volcanes increíblemente bellos. ¡Y pensar que es nuestro! Seamos buenos y constructivos y hagámonos merecedores de él…
Bajo el volcán, Capítulo I

lunes, 11 de febrero de 2019

Libro sagrado II



La justicia y la iniquidad están siempre emparentadas con la venganza y el perdón. En el pasado, la venganza fue siempre un deber. Mejor que llorar a un amigo muerto era vengarlo. Héctor mata a Patroclo (Ilíada, Canto XVI) y Aquiles, transido de dolor, toma las armas, derrota a los troyanos y mata a Héctor, general e hijo mayor del rey Príamo, pero luego, Paris, hermano de Héctor, mata a Aquiles hiriéndolo con una flecha envenenada en su talón.

Jesús de Nazaret escandalizó al mundo griego y romano predicando el perdón y el amor a los enemigos. También escandalizó con su idea de un Dios de amor que desempeña un papel fundamental cuando nos encontramos con ciertas ofensas que no podemos perdonar ni castigar, cuando somos incapaces de justicia o perdón, es decir, incapaces de perdonar lo que no podemos castigar o incapaces de castigar lo que resulta imperdonable. Este es el poder liberador del amor que otorga una inigualada claridad de visión porque nos permite ver al otro en su proceso de construcción: el camino que va del No-Ser al Ser ("El viaje que nunca termina"). Ver al otro no como es, sino como puede ser. Pero, el amor nos expulsa del mundo y, es innegable, el amor es un hecho infrecuente en la vida humana.

Luego vinieron Blake (1757-1827) y Nietzsche (1844-1900) que opinaron que el perdón es una cobardía y que no debemos guardar en nuestras almas deseos insatisfechos o reprimidos porque son peligrosos. Además de que el perdón supone que quien perdona se erige en tribunal y eso es un acto de soberbia. Y entonces, volvemos al principio: la justicia, la iniquidad, el perdón y la venganza y la pobre humanidad sufriente yendo errática e indescifrablemente… y, con ella, Geoffrey Firmin, el Cónsul, tratando de reconciliarse consigo mismo y su destino, pero oyendo también a Unamuno (1864-1936) que dijo que al final, toda vida es un fracaso, y a Schopenhauer (1788-1860) que ya había escrito El mundo como voluntad y representación...


“Pasaron ante la fachada del Palacio de Cortés; luego, del lado del muro ciego, descendieron por el risco que lo atraviesa a lo largo. Con su recorrido abrieron un atajo hacia la calle Tierra del Fuego que, formando una curva más lejos, les salió al encuentro, pero como la escarpa era poco menos que un montón de basura con desechos humeantes, tuvieron que caminar con precaución. Sin embargo, Yvonne respiraba más libremente ahora que dejaban atrás el centro de la ciudad. La despedida, pensó. Después de que la humedad y los desperdicios concluyeran su labor, las dos mitades separadas de aquella roca reventada se desmoronarían. Era inevitable; así lo decía la foto... ¿Sería así, en efecto? ¿Acaso no existía algún medio para salvar a esa pobre roca, de cuya inmutabilidad nadie, poco antes, se hubiera atrevido a dudar? ¡Ah! ¿quién hubiera osado imaginarla sino como una sola roca íntegra? Pero aun admitiendo que se hubiese separado, ¿no habría manera —antes de que se produjese la desintegración total— de salvar cuando menos las mitades separadas? no la había. La violencia del fuego que había resquebrajado la roca hasta dividirla, incitaba a la destrucción independiente de cada mitad, anulando la fuerza que pudo haberlas mantenido como unidades: ¡Oh! pero ¿por qué —merced a qué fantástica taumaturgia geológica— no habrían de soldarse una vez más las partes? Yvonne ansiaba sanar la roca hendida. Era ella misma una de las rocas y anhelaba salvar a la otra, para que ambas pudiesen salvarse. Con un esfuerzo superior a su energía se obligaba a acercársele, vertía sus ruegos, sus lágrimas apasionadas, otorgaba todo su perdón: pero la otra roca permanecía inmutable. Todo eso está muy bien —decía— pero ocurre que es culpa tuya; en cuanto a mí, me propongo desintegrarme cuando mejor me plazca” (Bajo el volcán, Capítulo II).

FG
Quauhnáhuac
11.02.19

lunes, 7 de enero de 2019

Libro sagrado




El problema de fondo de Bajo el Volcán es la justicia. ¿Por qué el Cónsul, haciendo lo que hace, recibe lo que recibe? ¿Por qué Yvonne, haciendo lo que hace, recibe lo que recibe? ¿Por qué cada uno de los personajes, viviendo a su modo, tienen los resultados que tienen? Y ¿por qué todo sucede ante la indiferencia del mundo? ¿No hay justicia?

Según explica Carl Sagan, después de millones de años de evolución llegamos a tener una mente capaz de entender problemas, de solucionarlos, de comprender las leyes del mundo y de aplicar ese saber. Pero el cosmos es indiferente con nosotros. No somos una parte importante del cosmos, no tenemos un lugar privilegiado, no somos los reyes de la creación. El mundo no fue hecho para nosotros, no parece que vayamos a sobrevivir a la increíble cantidad de tiempo que está por venir y, por supuesto, eso no es justo. No hay justicia o, por lo menos, no en nuestros términos.

Dos niños encontraron una bolsa con doce canicas. Discutieron sobre cómo dividírselas y finalmente fueron a ver a Mullá Nasrudin. Él les pidió que resolvieran su desacuerdo. Como no lo lograban, Mullá les preguntó si querían que dividiera las canicas como lo haría un ser humano o como lo haría Alá. Los niños respondieron: "Queremos que sea justo. Divida las canicas como lo haría Alá". Entonces, Mullá contó las canicas y le dio tres a un niño y nueve al otro.

Hay un experimento con monos capuchinos que nos permite ver cuál es la naturaleza de nuestra mente. En un laboratorio hay dos monos que reciben por el mismo trabajo un pepino como retribución. Un día, por el mismo trabajo uno recibe el pepino de siempre y el otro, un racimo de uvas. El que recibe pepino, protesta. Cuando vuelve a repetirse la injusticia, se enfurece.

Esto fue lo que le pasó a Caín. Abel ofreció los primogénitos de su rebaño y la grasa de las ovejas. Caín ofreció los frutos del campo. Yahvéh aceptó la ofrenda de Abel. Caín enloqueció de furia y mató a su hermano (Génesis, 4,1-16. Corán, 5, 27-32).

Ese es el tema que Lowry está bordando con una delicada filigrana en Bajo el volcán. ¿Por qué Jacques M Laruelle, Hugh, Yvonne Griffaton y el Cónsul tienen lo que tienen? ¿Por qué la justicia es como es? Y ¿por qué (que es donde está la verdadera tragedia) nuestra mente busca patrones que nada tienen que ver con la realidad, llevándonos a la infelicidad y sacándonos fuerzas interiores que nos hacen sentir "horror de nosotros mismos"?

La realidad no es buena o mala ni bonita o fea ni esperanzada o desesperanzada ni atractiva o repulsiva ni justa o injusta. La realidad es, el resto está en nuestras cabezas. Karl Popper ha dicho: “nuestra conexión con la realidad está siempre cargada de teoría”. Los griegos temían ya este demérito del mundo con nuestras “absurdas opiniones”, según dijo Aristóteles, y el mejor ejemplo de hasta qué grado conocían las consecuencias de considerar nuestras “absurdas opiniones” como la “verdad” nos la da el famoso argumento de Platón contra Protágoras en Teeteto.

Eso es lo que Lowry está reflexionando en la novela y por eso Bajo el volcán es un libro sagrado, pero no encuentra salida…

“—Cuidado, no vayas a perder el camino por allí, Hugh; es algo engañoso. Y ten cuidado con el tronco caído. Hay una escala por este lado, pero tienes que saltar por el otro.

—Saltemos, pues —dijo Hugh—. Debo haberme salido de tu camino.

Al oír Yvonne los quejumbrosos lamentos que emitía la guitarra de Hugh mientras éste golpeaba contra el estuche, llamó: —Aquí estoy; por aquí.

‘Hijos del pueblo que oprimen cadenas
esa injusticia no debe existir;
si tu existencia es un mundo de penas,
antes que esclavo, prefiere morir, prefiere morir...’

Cantaba, irónico, Hugh.

De pronto, comenzó a llover a torrentes. Un viento, cual tren expreso, barrió el bosque en vertiginosa carrera; precisamente delante de ellos estalló el relámpago entre los árboles con salvaje rugido desgarrador de trueno que hizo temblar la tierra...

Hay, a veces, cuando estalla el trueno, otra persona que piensa por uno, alguien que pone al abrigo los muebles de nuestro pórtico mental, cierra y pone los postigos a las ventanas de la mente contra lo que parece menos aterrador como amenaza que como distorsión del recogimiento celestial, una estrepitosa locura de los cielos, una forma de catástrofe que los mortales tienen prohibido observar de muy cerca: pero en la mente queda siempre entornada una puerta —como se sabe que los hombres en las grandes tempestades dejan abiertas sus puertas verdaderas para que por ellas pase Jesús— para el ingreso y la recepción de lo inaudito, la temible aceptación de la centella que nunca cae sobre uno, para el relámpago que siempre cae en la próxima calle, para el desastre que tan raras veces golpea en la desastrosa hora probable, y por esta puerta mental Yvonne, que seguía equilibrándose en el tronco, percibió ahora algo ominosamente aciago” (Bajo el volcán, Capítulo XI).

FG
Quauhnáhuac
07.01.19

jueves, 20 de diciembre de 2018

Bajo el volcán!

Y, por supuesto, la peregrinación al volcán...










Fotografías de Marcelo Teixeira

sábado, 15 de diciembre de 2018

Nota...

La entrada que hace Chris Ackerley en su A Companion to Under the Volcano aclara las notas de Malcolm sobre Tlaxcala y los tlaxcaltecas: “¡Visita Tlaxcala! Sus monumentos, sitios históricos y bellezas naturales. Lugar de tranquilidad, el mejor clima. El aire más puro, el cielo más azul". Este y los otros pasajes sobre Tlaxcala se tomaron casi literalmente de una guía turística que, según Margerie Lowry, Malcolm tenía con él en Dollarton. La guía no se encuentra entre los documentos de Lowry en las Colecciones Especiales de la Universidad de British Columbia, ni en los registros de la Oficina de Turismo de Tlaxcala, pero (a juzgar por las variantes del manuscrito) los cambios del original fueron solo mínimos, principalmente eliminaciones. La afirmación de Lowry de que la guía describía a Tlaxcala como un centro de magia negra debería tomarse con reservas. Para la idea de incorporar una guía turística de esta manera, véase Redburn de  Melville: el joven héroe llega a Liverpool y usa una guía anticuada para encontrar su camino; Melville cita grandes porciones de esa guía, pero la intención es cómica.



"Visit Tlaxcala! Its Monuments, Historical Sites and Natural Beauties. Place of Tranquility, The Best Climate. The Purest Air, The Bluest Sky." This, and the other Tlaxcaltecan passages, were taken almost verbatim from a travel folder which, according to Margerie Lowry, Malcolm had with him in Dollarton. The folder is not among Lowry's papers in the UBC Special Collections, nor in the records of the Tlaxcala Tourist Office, but (to judge by manuscript variants) changes from the original were only minimal, mainly deletions. Lowry's claim that the folder described Tlaxcala as a centre of black magic should be taken with a grain of saltpeter, however. For the idea of incorporating a tourist guide in this way, see Melville's Redburn: the young hero arrives in Liverpool and uses an antiquated guide book to find his way around; Melville cites great chunks of it, but tongue in cheek reflects. (Chris Ackerley, A Companion to Under the Volcano).

El Jardín del Cónsul

In the Consul’s garden they drifted gloomily up and down among the roses and the plumbago and the waxplants ‘like dilapidated préservatifs’, the Consul had remarked with a diabolical look at him, a look at the same time almost official, that seemed now to have said: ‘I know, Jacques, you may never return the book, but suppose I lend it you precisely for that reason, that some day you may be sorry you did not. Oh, I shall forgive you then, but will you be able to forgive yourself? Not merely for not having returned it, but because the book will by then have become an emblem of what even now it is impossible to return.’ (Under the Volcano, Chapter 1)






En el jardín del Cónsul, sombríos, erraban a la deriva entre las rosas y el plúmbago y los ceriflores «como preservativos dilapidados», según lo había firmado el Cónsul, dirigiéndole una mirada diabólica, mirada a la vez, casi oficial, que ahora parecía significar: Ya sé, Jacques, que quizá nunca me devuelvas el libro; pero supón que te lo preste precisamente por esa razón, y que un día llegues a lamentarte por no habérmelo regresado. ¡Ah! entonces podré perdonarte, pero ¿podrás perdonarte a ti mismo? No sólo por no haberlo devuelto, sino porque para entonces, el libro ya se habrá convertido en emblema de lo que aún hoy es imposible devolver. (Bajo el volcán, Capítulo I)

San Malcolm en la cantina...









Nuestra peregrinación incluía, por supuesto, La Estrella. Allí, San Malcolm nos esperaba en su paraíso, un lugar como si fuera otro planeta poblado por personajes a la Toulouse-Lautrec, donde el perfil de un ventilador ruinoso abre sus brazos generosos, donde la pintura de los murales se descarapela y los hongos avanzan, y uno puede imaginar cualquier tipo de paisaje desde las grises dunas hasta los muros de Pompeya -donde otro volcán espera su turno- o los grabados de Aranda y, sin duda, la belleza misma del Paraíso Terrenal donde "no obstante, ¿qué había logrado en el Paraíso Terrenal? Pocos amigos, se había hecho de una amante mexicana, con quien había reñido, y de varios ídolos mayas que no podría sacar del país..." Sursum Corda!