FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.


miércoles, 12 de abril de 2017

Lowry en el espejo




Hay varias clases de bebedor, pero el tipo de bebedor que es Malcolm Lowry, piensa con rapidez e imaginación, descubre interrogantes de fondo a las que es capaz de buscar soluciones novedosas siguiendo una lógica intuitiva. Invariablemente siente la imperiosa necesidad de quitarse del cuello el collar que lo aprisiona y lo consigue cuando logra salirse de la cotidianidad para vivir en el límite, como uno más de los marginados sociales. En él se percibe el poderoso embrujo del mezcal y sus ritos y misterios, y en él es válida la aseveración de C. G. Jung: “Alcohol en latín es spiritus y se utiliza la misma palabra para la más alta experiencia religiosa, al igual que para el más depravante veneno. Por lo tanto, la fórmula útil es spiritus contra spiritum” (carta de Jung a Bill W., Kusnacht Zurich, 30 de enero de 1961).

Esta clase de bebedor fue el que halló Yvonne en el bar del hotel Bella Vista, la mañana del dos de noviembre de 1938. Era Geoffrey Firmin, el Cónsul, había bebido en los últimos meses no para llegar a la estolidez sino para encontrar la fosforescencia en donde nadie la ve. Siguiendo su propio camino con intrepidez y coraje, se encontraba navegando en busca de una ruta entre la maraña aparente del mundo para ver más allá, a través de todas las ilusiones. El personaje que Malcolm Lowry cinceló para la posteridad nada tiene que ver con el virtuosismo orgulloso de la “gente buena” que a menudo nos sorprende tanto porque nunca pueden resquebrajar, a pesar de su “bondad”, el duro cascarón de la autocomplacencia y la mentira. Tal vez por eso Bajo el Volcán es una obra maestra. Pero no sólo por eso, en realidad Firmin es capaz de dejarnos perplejos, casi en cada una de las páginas de la novela, con su delicadísima comprensión de la experiencia estética, como si se tratara de una bofetada de luz:

“¿Qué belleza puede compararse al de una cantina en las primeras horas de la mañana? ¿Tus volcanes allá afuera? ¿Tus estrellas? ¿Ras Algethi? ¿Antares enfurecida en el sur sudeste? Perdóname, pero no. No son tan hermosas como por fuerza lo es esta cantina que acaso no sea propiamente una cantina; pero piensa en todas aquellas terribles cantinas en donde enloquece la gente, porque ni las mismas puertas del cielo que se abrieran de par en par para recibirme podrían llenarme de un gozo celestial tan complejo y desesperanzado como el que me produce la persiana de acero que se enrolla con estruendo. Todos los misterios, todas las esperanzas, todos los engaños, sí, todos los desastres existen aquí, detrás de esas puertas que se mecen”.
 
FG
 

martes, 4 de abril de 2017

Inauguración

La inauguración de la celebración del centenario de La Estrella fue la develación de la placa conmemorativa.






Abraza la vida, abraza la muerte

Una copia ampliada del grabado "Abraza la vida, abraza la muerte" del maestro Alejandro Aranda fue emplazada en La Estrella como parte de la celebración del Centenario. El maestro Aranda estuvo presente y su participación fue un momento importante del evento.
 







 

Dany Hurpin leyó el párrafo del Capítulo II de Bajo el volcán de donde está tomada la frase de la placa conmemorativa y contextualizó la cantina como arena donde luchan la luz y las tinieblas.

lunes, 3 de abril de 2017

No está enteramente oscuro!

El Cónsul, Geoffrey Firmin, sentado en la cantina, está haciendo lo esencial (aunque parece que está haciendo nada) mientras sigue, sin duda alguna, aquella máxima de Marco Poncio Catón (95-45 a de C) que dice: “nunca hacía más que cuando nada hacía y nunca se hallaba menos solo que cuando estaba solo”. Porque metido en la cantina, el Cónsul está en la arena donde se enfrentan los problemas fundamentales del hombre. Es un acto de soledad que tiene un sentido estético profundo y que, paradójicamente, enaltece su vida porque nos involucra: a fin de cuentas todos somos sólo uno. “La vida de un extraño” que vive el Cónsul lo tiene desconectado del mundo tratando de encontrar las últimas razones: el sentido del nacimiento y la muerte, arriba de él y “encima de la ciudad, en medio de la noche oscura y tempestuosa, la rueda” está girando... Necesita resolver el misterio y apenas tiene tiempo: ese día debe morir...
FG

Centenario


Placa conmemorativa

Nayeli Sánchez, Óscar Menéndez, Dany Hurpin y Frédéric-Yves Jeannet elaborando la placa para la conmemoración del centenario de La Estrella y el homenaje a Malcolm Lowry.







lunes, 27 de marzo de 2017

Centenario de La Estrella



La Fundación Malcolm Lowry
invita a la develación de la placa
por los 100 años de la cantina La Estrella
y en homenaje a Malcolm Lowry.
También se inaugurará dentro de la cantina el mural
(ampliación de un grabado de 1.50 m x 1m)
del artista Alejandro Aranda
"Abraza la vida, abraza la muerte"

Miércoles 29 de marzo, 17h
Matamoros #31, centro. Cuernavaca, México.
Habrá Mezcal del Cónsul y se les pide venir con la cartera llena,
el consumo es en apoyo a la Estrella.

La cantina

‘But look here, hang it all, it is not altogether darkness,’ the Consul seemed to be saying in reply to her, gently, as he produced a half-filled pipe and with the utmost difficulty lit it, and as her eyes followed his as they roved around the bar, not meeting those of the barman, who had gravely, busily effaced himself into the background, ‘you misunderstand me if you think it is altogether darkness I see, and if you insist on thinking so, how can I tell you why I do it? But if you look at that sunlight there, ah, then perhaps you’ll get the answer, see, look at the way it falls through the window: what beauty can compare to that of a cantina in the early morning? Your volcanoes outside? Your stars – Ras Algethi? Antares raging south south-east? Forgive me, no. Not so much the beauty of this one necessarily, which, a regression on my part, is not perhaps properly a cantina, but think of all the other terrible ones where people go mad that will soon be taking down their shutters, for not even the gates of heaven, opening wide to receive me, could fill me with such celestial complicated and hopeless joy as the iron screen that rolls up with a crash, as the unpadlocked jostling jalousies which admit those whose souls tremble with the drinks they carry unsteadily to their lips. All mystery, all hope, all disappointment, yes, all disaster, is here, beyond those swinging doors. And, by the way, do you see that old woman from Tar-asco sitting in the corner, you didn’t before, but do you now?’ his eyes asked her, gazing round him with the bemused unfocused brightness of a lover’s, his love asked her, ‘how, unless you drink as I do, can you hope to understand the beauty of an old woman from Tarasco who plays dominoes at seven o’clock in the morning?’
(Lowry, Under the Volcano, 2)




—Pero óyeme, ¡maldita sea!, no está enteramente oscuro — parecía contestarle el Cónsul con amabilidad, mientras sacaba una pipa a medio llenar y con máxima dificultad la encendía, en tanto que Yvonne seguía con su mirada la del Cónsul que erraba en el bar sin encontrar los ojos del cantinero, el cual, grave y aparentando estar ocupado, se eclipsaba en la oscuridad—, no me comprendes si crees que cuanto veo es del todo oscuro; y si insistes en creerlo, ¿cómo puedo decirte por qué lo hago? Pero si miras ese rayo de sol allí, ¡ah!, quizás tengas la respuesta. Ve; mira cómo entra por la ventana: ¿qué belleza puede compararse a la de una cantina en las primeras horas de la mañana? ¿Tus volcanes allá afuera? ¿Tus estrellas?... ¿Ras Algethi? ¿Antares enfurecida en el sur sudeste? Perdóname, pero no. No son tan hermosas como por fuerza lo es esta cantina que — decadencia de mi parte— acaso no sea propiamente una cantina; pero piensa en todas aquellas terribles cantinas en donde enloquece la gente, las cantinas que pronto estarán [59] alzando sus persianas, porque ni las mismas puertas del cielo que se abrieran de par en par para recibirme podrían llenarme de un gozo celestial tan complejo y desesperanzado como el que me produce la persiana de acero que se enrolla con estruendo, como el que me dan las puertas sin candado que giran en sus goznes para admitir a aquellos cuyas almas se estremecen con las bebidas que llevan con mano trémula hasta sus labios. Todos los misterios, todas las esperanzas, todos los desengaños, sí, todos los desastres existen aquí, detrás de esas puertas que se mecen. Y, a propósito ¿ves aquella anciana de Tarasco sentada en el rincón? Antes no podías, pero ¿la ves ahora? — preguntaban los ojos del Cónsul mientras recorrían en torno suyo con la lucidez estupefacta y extraviada de un enamorado—, ¿cómo esperas comprender, a menos de que bebas como yo, la hermosura de una anciana de Tarasco que juega al dominó a las siete de la mañana?
(Lowry, Bajo el volcán, Capítulo II)

sábado, 17 de diciembre de 2016

Bajo el volcán, Capítulo 5

BEHIND them walked the only living thing that shared their pilgrimage, the dog. And by degrees they reached the briny sea. Then, with souls well disciplined they reached the northern region, and beheld, with heaven aspiring hearts, the mighty mountain Himavat... Whereupon the lake was lapping, the lilacs were blowing, the chenars were budding, the mountains were glistening, the waterfalls were playing, the spring was green, the snow was white, the sky was blue, the fruit blossoms were clouds: and he was still thirsty. Then the snow was not glistening, the fruit blossoms were not clouds, they were mosquitoes, the Himalayas were hidden by dust, and he was thirstier than ever. Then the lake was blowing, the snow was blowing, the waterfalls were blowing, the fruit blossoms were blowing, the seasons were blowing– blowing away – he was blowing away himself, whirled by a storm of blossoms into the mountains, where now the rain was falling. But this rain, that fell only on the mountains, did not assuage his thirst. Nor was he after all in the mountains. He was standing, among cattle, in a stream. He was resting, with some ponies, kneedeep beside him in the cool marshes. He was lying face downward drinking from a lake that reflected the white-capped ranges, the clouds piled five miles high behind the mighty mountain Himavat: the purple chenars and a village nestling among the mulberries. Yet his thirst still remained unquenched. Perhaps because he was drinking, not water, but lightness, and promise of lightness – how could he be drinking promise of lightness? Perhaps because he was drinking, not water, but certainty of brightness – how could he be drinking certainty of brightness? Certainty of brightness, promise of lightness, of light, light, light, and again, of light, light, light, light, light!
 
 
 
 
 
 
Tras ellos caminaba el único ser viviente que compartiera su peregrinación: el perro. Y poco a poco llegaron al mar salobre. Luego, con almas bien disciplinadas llegaron a la región del norte y contemplaron, con corazones ansiosos de cielo, la imponente montaña Himavat... Lamida por el lago, en ella florecían los lirios, el cáñamo brotaba, las montañas resplandecían, las cascadas jugueteaban, la primavera era verde, blanca la nieve, azul el cielo, y los retoños de los frutos eran nubes: y él seguía sediento. Después, la nieve dejó de resplandecer; las flores de los árboles frutales convirtiéronse en nubes de mosquitos; el Himalaya se ocultó tras el polvo y él sintió más sed que nunca. Luego soplaba el lago, soplaba la nieve, soplaban las cascadas, soplaban los capullos de los frutos, soplaban las estaciones, soplaban alejándose, y él mismo se alejaba arrastrado por una tormenta de capullos, a las montañas en donde ahora caía la lluvia. Pero esta lluvia que ahora caía en las montañas no mitigaba su sed. Ni tampoco, después de todo, se hallaba en las montañas. Se encontraba entre el ganado, en un arroyo. Descansaba, con algunas jacas que, a su lado, metían las patas en frescos pantanos. Yacía boca abajo bebiendo de un lago en que se reflejaban cordilleras de albeantes cumbres, nubes que se amontonaban a una altura de ocho kilómetros detrás de la imponente montaña Himavat, cáñamos de color púrpura y un villorrio acurrucado entre las moreras. Y sin embargo, su sed seguía sin apagarse. Acaso porque estaba bebiendo, no agua, sino ingravidez y promesa de ingravidez —¿cómo era posible que bebiera la promesa de ingravidez? Acaso porque bebía, no agua, sino certidumbre de claridad— ¿cómo era posible que bebiera certidumbre de claridad? ¡Certidumbre de claridad, promesa de ingravidez, de luz, luz, luz y otra vez de luz, luz, luz!

El Popo desde Atlixco, Puebla











 
"El tema de Himavat al principio del capítulo 5. Sólo Dios sabe... "Y poco a poco llegaron al mar salobre" es una cita de algún volumen de los Vedas. Pero el perro es una nota temática; los perros persiguen al Cónsul. Himavat es una transposición del Popo que el Cónsul hace en sueños, pero también se refiere a su niñez, como tu dices, porque el lugar donde transcurre el sueño es Cachemira. Quauhnáhuac es un poco como Cachemira..."

Malcolm Lowry en Carta a David Markson
Dollarton, B. C.
10 de Septiembre de 1951