FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

FUNDAÇÃO MALCOLM LOWRY

Este blogue foi criado com o intuito de unir a comunidade lowryana de todo o mundo, a fim de trocar ideias e informação sobre o autor, promover a organização de conferências, colóquios e outras actividades relacionadas com a promoção da sua obra. Este é o primeiro sítio trilingue feito no México sobre o tema. Cuernavaca, México.


Malcolm Lowry Foundation


This blog was created to comunicate all lowry scholars, fans and enthusiastics from around the world in order to promote the interchange of materials and information about the writer as well as organize events such as lectures, colloquiums and other activities related to the work of the author. Cuernavaca, Mexico.


FONDATION MALCOLM LOWRY

Ce blog a été crée dans le but de rapprocher la communauté lowryenne du monde entier afin de pouvoir échanger des idées et des informations sur l'auteur ainsi que promouvoir et organiser des conférences, colloques et autres activités en relation avec son oeuvre. Cuernavaca, Morelos, Mexique.

viernes, 31 de julio de 2009

Homenaje a Malcolm Lowry

por Óscar Mata


En este centenario del nacimiento de Malcolm Lowry, en la celebración de los primeros cien años de vida del gran “Lobs”, como llamaban sus compañeros en Cambridge a quien con el paso del tiempo se convertiría en el autor de Under The Volcano, venturoso acontecimiento que nos reúne esta mañana, quiero hablar de dos temas. El primero es la persona, el ser humano que escribió en Canadá la versión definitiva de Bajo el volcán, ese libro que no deja de conmovernos y maravillarnos y, en segundo término, de la imagen de México y lo mexicano en la monumental novela.

El Malcolm Lowry sobrio
La idea que se tiene de Malcolm Lowry es la de un inglés que vino a México a beber hasta lo indecible y posteriormente escribió Bajo el volcán, que por esas cosas de la vida, se convirtió en una de las novelas fundamentales de nuestra época. La imagen más difundida de Lowry lo presenta como un borrachín, jamás alejado de una botella de licor. En México sus correrías a través de las cantinas de Cuernavaca y Oaxaca se han vuelto míticas, amén de que sus juergas en Canadá y otros países no les van a la zaga. El mismo Malcolm Lowry confiesa que entre los propósitos iniciales de su novela se encontraba el de escribir “un libro adecuado sobre la bebida, tema en el que yo era entonces una autoridad considerable”(1). Se trataba entonces de un Malcolm Lowry cerca de los treinta años, que había escrito una novela de ambiente marino, Ultramarina, una novelita sobre sus experiencias en un hospital psiquiátrico, The Last Address –finalmente llamada Lunar Caustic–, un cuento largo, Bajo el volcán, e incidentalmente trabajaba en un manuscrito que fue consumido durante el incendio de su cabaña cuando ya casi estaba finalizado, de nombre In Ballast to the White Sea.
En la anotación correspondiente al 20 –o al 21– de noviembre en Por el canal de Panamá, Lowry escribió: “Gin con jugo de naranja es la mejor cura para el alcoholismo, cuya causa verdadera es la fealdad y la completa e incomprensible esterilidad de la existencia tal y como nos la venden”(2). Hijo de padres ricos y estrictos, alumno de las mejores y más exclusivas escuelas, buen deportista a pesar de su torpeza, artista en una familia de respetables comerciantes, vagabundo, bebedor insaciable, golpeador de mujeres, Malcolm Lowry –cuya muerte nunca fue completamente aclarada– tuvo todos los elementos para convertirse en un escritor maldito y ciertamente lo fue, célebre tanto por lo que escribió como por lo que bebió. Sin embargo, el Malcolm Lowry que leemos, aquel que pudo dar cima a la cuarta versión de Bajo el volcán, fue un hombre sobrio, que alcanzó la cumbre de su obra maestra en la sobriedad total, con la fuerza de una vida sana y sencilla en la que nadaba y escribía por las mañanas, paseaba por el bosque en las tardes e incidentalmente sólo bebía un poco de cerveza, “el trago necesario”.
Ulises cruza la puerta y se convierte en Odiseo, en la próxima cuadra ya es Leopold Bloom... El Malcolm Lowry que escribió en Dollarton de febrero de 1941 al verano de 1944, el que reescribió un manuscrito de 404 cuartillas rechazado por trece editores hasta convertirlo en una obra maestra de mil cien cuartillas, no es el Malcolm Lowry a quien un mendigo mexicano llamó Dios porque le había regalado tres copas de mezcal, tampoco el que en estado de embriaguez “transcribió” en una libreta la plática que unos borrachos sostenían en “La Universal” de Cuernavaca, o aquél cuya sola presencia en un bar hacía que un cliente anduviera feliz por cinco días. Se trata del Malcolm Lowry que pudo llevar a cabo el consejo que Fernando Márquez le dio en una cantina de Oaxaca: “Me parece, si me permite decírselo, que debe librarse de sus pensamientos”(3). Y la única forma de lograrlo consistía en trabajar, adentrarse en sus manuscritos con la mente despejada y el pulso firme. Sigbjorn Wilderness en más de una ocasión se consolaba de su silencio literario diciéndose que, aunque bebía en exceso, al menos podía tomar notas. Nada más puede conseguir un ebrio, quizá unas frases memorables, acaso un par de buenas páginas, pero hasta ahí. La monumental amalgama de temas, asuntos, insinuaciones y referencias que dan forma a Bajo el volcán resulta un hecho estético inalcanzable para alguien bajo la influencia del alcohol, como lo fue Lowry la mayor parte de su vida. Conrad Knickerbocker, su primer biógrafo, anota lo siguiente en uno de los párrafos finales de “San Malcolm entre los pájaros”:
“El alcohol podía agravar tragedias anteriores, hacerlas ilimitadas y eternas, pero con su trabajo podía poner término a viajes interminables. Tuvo que aferrarse repetidamente a su sobriedad, más allá del hecho de estar simplemente sobrio, para explicar su posición. Los fragmentos que nos ha dejado exigían una claridad de visión y una firmeza de trazo que no hubiera podido lograrse de ningún otro modo. Pero Lowry no hubiera querido que lo recordásemos por sobrio. Ni nosotros le haríamos justicia recordando sólo sus problemas con la bebida, como si el alcohol lo explicase todo, cuando en realidad no explica nada”(4).
Bajo el volcán es una obra de sobriedad, escrita por una persona que obtuvo muchas vivencias para su novela a través de incontables travesías etílicas, pero que sólo pudo plasmarlas, con la hondura y la belleza que tanto admiramos, lejos del alcohol. Salud por ello.
Ahora bien, para los mexicanos, Bajo el volcán tiene una significación especial, que obedece al hecho de que la novela sucede en nuestro país. México y lo mexicano aparecen, están presentes en casi toda la obra, a excepción del capítulo VI, conformando lo que el lector del manuscrito para la casa editorial Jonathan Cape llamó “color local mexicano acumulado a paletadas… que es excelente en todo el libro”. Y, en efecto, en Under The Volcano el escritor inglés Malcolm Lowry se muestra deslumbrado ante la magnificencia de los paisajes mexicanos, manifiesta su simpatía por el gobierno del general Lázaro Cárdenas, se identifica con varios personajes mexicanos, como el doctor Vigil o Juan Cerillo y, en general, alaba la belleza de la raza de bronce, en especial los niños. La visión de México que Malcolm Lowry ofrece a sus lectores resulta laudatoria, altamente positiva. Cientos de escritores nacidos y criados en otras tierras han escrito sobre México y la obra de Lowry –las novelas Bajo el volcán y Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, los poemas de inspiración mexicana, en especial oaxaqueña y el ensayo “Jardín de Etla”- es de las pocas que brinda una imagen no sólo buena sino francamente admirativa de nuestro país.
La visión de México en Bajo el volcán es reflejo de los veinte meses que Malcolm Lowry residió en la ciudad de Cuernavaca, de noviembre de 1936 a junio de 1938, tiempo en el cual tuvo oportunidad de adquirir una buena cantidad de conocimientos acerca del país y de sus habitantes, los naturales del lugar. De esta forma, en la novela hay referencias al pasado precortesiano, al porfiriato, a la recientemente finalizada revolución mexicana y a la expropiación petrolera, con la que Lowry se solidariza. Hay una interesante galería de personajes mexicanos, tanto mestizos como indígenas, encabezada por el doctor Vigil, quien visita al Cónsul primero que nada como amigo y después como médico, un galeno que desprecia el dinero y está muy interesado en curar a Geoffrey Firmin de su alcoholismo; la señora Gregorio, dueña de una vinatería, quien muy a la mexicana le expresa su amistad con estas palabras: “…no tengo casa, nomás una sombra, pero cuando necesite una sombra, mi sombra es suya”. Respecto a los indígenas, este hombre blanco y barbado venido del otro lado del mar los encuentra dignos de admiración y no les escatima elogios, a pesar de que advierte su pobreza y su falta de aseo. Infinidad de ellos pululan en la novela. He aquí a dos de ellos: un alfarero ofrece refugio en su casa al Cónsul, en un fallido intento por salvarlo de los “diablos” sinarquistas y es un indígena quien lo despide de esta vida llamándolo “compañero”. Lowry advierte -y no deja de festejar- la gran capacidad de los mexicanos para convertir cualquier acontecimiento en motivo de fiesta y dedica no pocos párrafos a las celebraciones con motivo del Día de Muertos.
Al parecer a Malcolm Lowry le gustaba la comida mexicana. Concepta, la sirvienta del Cónsul, le preparaba sus buenos huevos rancheros; Ivonne y Hugo no tienen ningún reparo en comerse unos tacos, debidamente aderezados con salsa y seguramente un poco de tierrita en plena calle y horas más tarde, para cenar eligen el “pollo espectral de la casa” que les sirven “nadando en exquisito mole”. Curiosamente en ningún pasaje de la novela se habla de las botanas de las cantinas (lo cual no deja de extrañar), aunque durante la plática de Laurelle y el Cónsul hay unos camarones “cabrones” enchilados. Sin embargo, son las bebidas alcohólicas las que acaparan su atención.
La leyenda de Malcolm Lowry está íntimamente ligada al mezcal, “la bebida de la que nunca puedo creer, aun cuando la llevo hasta mis labios, que sea verdadera”, según escribe el Cónsul a Yvonne en El Farolito, mientras da cuenta de bastantes ‘mezcalitos’. Aunque el inglés tiene por costumbre ingerir varias bebidas alcohólicas, sólo el mezcal parece surtirle efecto. En El Farolito, el “hermoso mezcal” sale, materialmente brota de una “hermosa cantimplora oaxaqueña con ‘mezcal de olla’”. Al Cónsul “lo tranquilizaba y a la vez entorpecía su mente”. En el clímax de la borrachera “el tiempo, intoxicado de mezcal, volvía a fluir circularmente sobre sí mismo”, en tanto que otros parroquianos bebían ochas y fumaban marihuana. El Cónsul elogia invariablemente a las bebidas mexicanas. Por tratarse de un inglés, su opinión acerca de la cerveza mexicana debe tomarse muy en cuenta: “La mexicana es particularmente rica en vitaminas, según creo...”, menciona varias marcas: Moctezuma, Dos Equis, Carta Blanca, hasta la fecha en el mercado. El tequila le produce efectos benéficos: “recorría su espina dorsal como el árbol que, fulminado por un rayo, florece milagrosamente”. Por ello se lo recomienda a Laruelle: “es saludable... y delicioso. Como la cerveza”. Cuesta trabajo creer que, en 1938, el tequila -que se ha convertido en la nueva rica de las bebidas- costaba la décima parte del whisky. “Pensó: 900 pesos=100 botellas de whisky = 900 ídem de tequila” – y un tequila doble costaba la fabulosa cantidad de treinta centavos. A pesar de ello la conclusión es categórica: “Ergolis: no debía uno beber tequila ni whisky, sino mezcal”.
Identificado con el mezcal, el Cónsul abriga su culpa “entre las misericordias de inconcebibles ‘cantinas’”. La más célebre de ellas es El Farolito, en Parián. Está formada por varios compartimientos que dantescamente se van achicando hasta que en el final sólo cabe una persona. Para el Dr. Vigil “es un infierno”, pero su amigo inglés ahí “estaba a salvo; era éste el lugar que amaba: el refugio, el paraíso de su desesperación” (365). Las cantinas son nidos de fascistas, sus cuarteles generales por excelencia. Ello de ninguna manera impide que tengan nombres hermosos: “El amor de los amores”, “Todos contentos y yo también”; y las pulquerías no se quedan atrás: “La Sepultura”. Algunas, como “El Petate”, tienen un patio que recuerda la arquitectura oaxaqueña. El Cónsul, como Lowry tenía varias rondas de cantinas, que frecuentaba a todas horas.
En contraste con sus frecuentes correrías por las cantinas mexicanas, el contacto de Malcolm Lowry con la literatura mexicana es inexistente. En toda la obra no se menciona a ningún escritor mexicano y en la biblioteca del Cónsul no hay ningún libro -en español o traducido al inglés- que sea obra de algún nativo de nuestro país. De hecho, la única pieza literaria es “Flores negras”, la canción que escuchan mientras comen en el restaurante del tlaxcalteca Cervantes; o sea, una típica canción de cantina. La primera estancia de Lowry en México coincide con el indigenismo y la revaloración de nuestras culturas populares; pero él no le prestó atención, podría asegurarse que ni se enteró de su existencia, a pesar de su aprecio y admiración por las culturas prehispánicas y los indígenas. Los Contemporáneos serían más afines a él, pero no hay indicios de que los haya leído, como seguramente tampoco leyó ninguna novela de la revolución o a algún autor mexicano del XIX. En suma, la literatura mexicana para Malcolm Lowry fue un continente desconocido. Lowry no hablaba español y sus conversaciones con mexicanos debieron ser en inglés; las que sostuvo en español seguramente consistieron en el elemental intercambio de fórmulas de cortesía y peticiones muy concretas en cantinas, restaurantes, hoteles, estaciones de autobuses y comercios. Under the volcano está llena de palabras españolas, de voces en español que vienen a ser vocablos aislados en el mar de la escritura lowryana, brevísimos parlamentos, recordatorios de que la acción sucede en México y de que los protagonistas tratan con mexicanos.
El desconocimiento de Lowry respecto al arte mexicano tiene una excepción: la pintura. En el VII capítulo elogia a José Clemente Orozco, un “indisputable genio”, y habla de vigorosos Riveras, así como de su extraordinario mural en el Palacio de Cortés, que va oscureciéndose mientras se avanza en la recreación de la historia de México. Por lo demás, a cada rato se fija en manifestaciones del arte popular: “La Cucaracha”, el papel cortado, los escenarios de los fotógrafos de las ferias callejeras, una función de marionetas en la que el diablo o alguien malo se precipita en los mismísimos infiernos. Sin embargo, todo esto no pasa de ser escenografía, ambientación, “color local”, que representa menos de la décima parte de la extensión de la novela.
En efecto, México sirve de escenario para Under the Volcano, algunos mexicanos desempeñan papeles llenos de emotividad, pero secundarios. Y nada más. Ciertamente la importancia de México y lo mexicano en esta obra de un escritor inglés llamado Malcolm Lowry es de segundo nivel, pero sin ellos, Bajo el volcán no sería lo que es.

NOTAS:
1 Malcolm Lowry. Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, p. 198.
2 Malcolm Lowry. Por el canal de Panamá, p. 33.
3 Malcolm Lowry. Oscuro..., p. 282.
4 Conrad Knickerbocker. “San Malcolm entre los pájaros” en Quimera, núm. 53, p. 15.

De vuelta a Quauhnáhuac

por Elisa Corona Aguilar

La primera vez que leí "Bajo el Volcán" fue cuando cursaba la carrera de Letras Inglesas. Al final del curso en literatura del siglo XX, debíamos escoger entre varias opciones y la novela cumbre de Malcolm Lowry, legendaria, oscura, infernal, fue sin duda la más tentadora, entre una lista que incluía la "Naranja Mecánica" de Burgess, "El señor de las moscas" de Golding y "Canta la hierba" de Doris Lessing. Uno de mis maestros, Colin White, quien como Malcolm Lowry fue alguna vez navegante y también estudiante en Cambridge, comentó que cuando él estaba en la carrera, a nuestra edad, todos querían leer libros difíciles, debatirse por entenderlos, delinear su estructura con la precisión de un científico, desenterrar los secretos de su simbología; fue mucho tiempo después, nos dijo, que comenzó a disfrutar en verdad de la genialidad de muchos escritores, que comenzó a vivirlos y a “responder” a ellos. “La poesía”, nos repetía Colin constantemente, “no se trata tanto de entender, sino de responder a ella, de dejarse provocar por ella”.
La primera vez, pues, que leí "Bajo el Volcán", me debatía por entenderla, desmenuzarla, desentrañarla, esto es, por encontrar las huellas de la influencia del cine expresionista alemán, por estructurar la tirada profética del Tarot que correspondía a sus capítulos (con la Rueda de la Fortuna, el Carro, el Colgado), por enlistar cada uno de sus símbolos y determinar su numerología (el caballo, el número siete, la muerte), por encontrar las similitudes entre este viaje a los infiernos y el viaje en el "Ulises" de Joyce o en otras novelas contemporáneas. No llegué muy lejos en cuanto se refiere a “responder” a esa prosa insólita, inigualable, borracha de sobriedad y lúcida hasta la embriaguez, de ese tardío romántico obsesionado con el mar, con sus islas ocultas y sus tormentas, que fue Malcolm Lowry.
En una segunda lectura, sólo ocho años después, descubro entre otras cosas que si es cierto que Lowry mantiene una relación estrecha con sus contemporáneos literarios, con Eliot y su "Tierra Baldía", con Joyce y su "Ulises", con Woolf y su "Señora Dalloway", aquello que lo separa de ellos es lo que lo ha convertido en el más admirado a un nivel sentimental, más recordado por los amantes de la literatura de viajes, más leído sin el peso de la academia. Lowry es, a diferencia de sus contemporáneos, un escritor que se aferra aún a la subjetividad romántica del siglo XIX, aunque su maestría narrativa sea ya la del siglo XX, obsesionado con el flujo de conciencia, con el paso del tiempo y su relatividad, con la fuerza de la inacción. Los personajes de "Bajo el Volcán", parecen los héroes byronianos que, despojados ya de la energía de su primera juventud y sin la posibilidad de morir jóvenes, traicionados sus ideales, fueron a encallar contra el siglo XX, contra sus guerras, su decepción, sus contradicciones. La soledad, el aislamiento, el deseo de caer, el amor y el perdón como única escapatoria, son escritas por Lowry como las hubieran escrito Byron, Shelley o Coleridge, si hubieran conocido el siglo XX.
"Bajo el Volcán" es una novela profundamente personal, subjetiva, cargada de la emotividad que sólo puede ofrecernos una narrativa altamente autobiográfica. Lowry es, de forma tardía, de esos escritores cuyo personaje es él mismo: irremediablemente, sus lectores lo confundimos con Geoffrey Firmin, el Cónsul. De ahí la obsesión de muchos de nosotros, románticos de closet, de seguir buscando a este fantasma inglés en Cuernavaca que, nos imaginamos, todavía ronda las cantinas en busca de la siguiente copa. Si en vida, Lowry escapó de Cuernavaca, en muerte su recuerdo queda arraigado para siempre a este jardín, que es suyo.
Me gusta pensar en "Bajo el Volcán" como la última historia de navegantes que van en busca de su redención, de la conciencia, de un paraíso que resulta al final ser el infierno. “Claro que no está en México, sino en el corazón”, nos dice el Cónsul.
Como el "Ulises" de Joyce, como "La Tierra Baldía" de Eliot, "Bajo el Volcán" es uno de esos libros que con asombrosa rapidez adquirió el terrible estigma de clásico: esos libros, decía Oscar Wilde, de los que todos hablan y nadie lee. Sin embargo, entre "Ulises", "La Tierra Baldía" y otros jóvenes clásicos del siglo XX, me atrevo a decir que "Bajo el Volcán" es de los más leídos, de los más recordados, de los que tienen más sinceros adeptos. Prueba de esto es este homenaje a cien años del nacimiento de Lowry. Y como con la poesía, uno debe dejarse provocar por "Bajo el Volcán", uno debe “responder” a la prosa de Lowry, una prosa que emborracha pero ilumina, incluso más que el mezcal.

miércoles, 29 de julio de 2009

Cien años de Lowry

QUAUHNÁHUAC CIEN AÑOS DESPUÉS Y UN CHINGO DE MEZCAL

QUAUHNÁHUAC - 100 ANOS DEPOIS E MUITAS LITRADAS DE MESCAL























Malcolm Lowry: entre el Edén y la Mordida

Por José Luis Martínez Ruiz

El escenario
En el antiguo territorio de los tlalhuicas y nahuas, a 2000 mil metros sobre el nivel del mar, situado en el centro de México, está la sinuosa ciudad de Quauhnáhuac, el lugar de los árboles tupidos, la selva pues. Tierra en que la naturaleza se hunde y se eleva indecisa en ser planicie o abismo. Volcanes, barrancas, relámpagos, tormentas tropicales empujadas por vientos huracanados de los océanos y una selva en movimiento que devora los jardines, son el escenario natural de la tragedia que se despliega al pie de dos montañas telúricas, (aparentemente con sus entrañas de fuego apagadas). Una mujer y tres hombres son los protagonistas centrales del drama que se escenifica en Under the Volcano, el delirante y “perfecto borracho” hacedor de tragedias y juegos de palabras, el laberíntico Geoffrey Firmin, a quien le es imposible vivir sin amar (de acuerdo con Douglas Day, la frase es atribuida a Fray Luis de León, poeta español del siglo XVI. Day, 1983-209), y existir sin las perlas doradas del mezcal. Representa al imperio británico como Cónsul inglés de Quauhnáhuac. Hugh Firmin su medio hermano, un irreverente rebelde que en palabras de M. Laruelle, lo etiquetó como “un pelmazo irresponsable, marxista de salón”, eso si, que soñaba con honestidad “cambiar el mundo”. Yvonne, una atractiva exactriz de cine quien vive una turbulenta pasión amorosa con el Cónsul. Jacques Laruelle, un productor de cine enamorado de la mujer de su amigo de infancia, el dipsómano Geoffrey Firmin. Laruelle, inspirado en el Cónsul, está obsesionado en hacer una película vanguardista sobre el Fausto pero que sabe nunca hará.

El corazón del drama
Al pie de los volcanes del Iztaccíhuatl y el Popocatépetl, montañas que en sí mismas encierran un antiguo y mítico amor trágico, en el hotel Casino de la Selva (hoy devorado por la jungla del comercio), dos amigos beben anís del Mono y recuerdan con dolor y asombro la muerte del Cónsul a manos de un sinarquista, el hallazgo desolador de su cuerpo tirado como un perro en una barranca en Parián y, la impresionante muerte de Ivonne, fallecida a causa de una embestida en medio de una tormenta por un caballo enloquecido marcado en su grupa con el número fatídico 7 (Cuando muera el Cónsul sonarán 7 campanadas indicando la hora de su muerte). Los sucesos desgarradores de la novela transcurren en 12 horas durante el día de muertos en el año de 1938. En todo ello, los dos amigos que beben anís, Jacques Laruelle y el Dr. Vigil, no se explicaban el regreso intempestivo de Ivonne. Lo extraordinario es que volvió a los brazos del Cónsul.
Si el Cónsul, (después de una ronda fantástica de mezcales) quien a la salida del Farolito, unos minutos antes de ser acribillado, desata al siniestro caballo, que desbocado galopará hasta encontrar una sombra, asustado, al enfrentarla, la derribara a patadas matando a Ivonne. ¿Acaso no es Yvonne quien con su regreso libera las manos de Orlac, mismas que conducen a Geoffrey a liberar el caballo, las cuales terminaran apretando el gatillo de la pistola que le abrirá las entrañas a punta de balazos? No hay escapatoria ni redención. Eso sí, su calaverita de azúcar con su nombre: Geoffrey oldbean escorpia frijolero. O si prefiere le ponemos Maximiliano. Adiós Mamá Carlota…

La expulsión del Jardín del Edén
El Cónsul es un desterrado en busca del Edén perdido. La tierra es su barco y la angustia su brújula. En efecto como escribió Geoffrey Firmin en la casa del cineasta Laruelle: “no se puede vivir sin amar”. Al Cónsul lo mueve la esperanza de encontrar un territorio en que el amor “rompido” se religue y renazca, el amor puede ser ese Albatros que remonta la tormenta, guardián de barcos y marineros pero si se encuentra y se vuelve a quebrar, es un caballo apocalíptico. “¡Si pudiéramos resurgir de nuestra miseria, volver a buscarnos uno al otro y encontrar de nuevo el solaz de nuestros labio y de nuestro ojos! ¿Quién ha de interponerse?” Le escribe Yvonne al Cónsul la carta que no llego a tiempo, ya era tarde cuando las leyó, su lectura terminara rompiendo su corazón. Carta que acabara como muchas otras olvidadas en “El Farolito”, para que luego le fueran devueltas por Diosdado y que fueran las manos de El Jefe de Jardineros que se las robara al Cónsul. Otra vez en El Farolito, unos minutos después de “half past sick by cock” (“media pasada enfermo por la pija”). En la cantina “Todos Contentos y yo También” alguien canta la Cucaracha: “la cucaracha, la cucaracha ya no tiene mariguana que fumar…”

El contexto histórico
Un nuevo México emerge a raíz de la primera revolución campesina-obrera del siglo XX, la hora de las asonadas militares y los levantamientos comienzan a disiparse al llegar a la presidencia, el último caudillo de la revolución con capacidad de unificar a un país en torno a un Estado, el general Lázaro Cárdenas. Paradójicamente, con el gobierno cardenista, la fuerza de los caudillos queda nulificada como medio para tomar el poder. No obstante se ejecuta el principal postulado de la revolución: dar a los trabajadores, tierra y libertad. Derrumbada la dictadura porfirista, una nueva forma totalitarista se gesta en las entrañas del México revolucionario. Con base a la hegemonía política de un partido único se engendra el presidencialismo absoluto, estamos en lo que José Revueltas denominó democracia bárbara y que hemos conocido como la dictadura sexenal del presidencialismo en la era dominante del PRI.
A nivel mundial durante el año 1938, en la guerra civil española, los militares fascistas al mando del generalísimo Franco, terminaran triunfando sobre la República y se extermina con las esperanzas de construir un mundo nuevo, como imaginaba, al igual que muchos más, Hugh el mediohermano del Cónsul. Gracias al apoyo de la fuerza aérea alemana y la indiferencia cínica de las democracias de Francia e Inglaterra y la mezquindad de Stalin, son derrotadas los combatientes de la República en la emblemática batalla del Ebro. Esto sucede los primeros días de noviembre de 1938. La segunda guerra mundial está por estallar. Es en este entorno que sucede la muerte del Cónsul y de Yvonne, como una especie de coro griego, Hugh entona una canción desgarradora:

“Adelante, la juventud;
Al asalto, vamos ya,
Y contra los imperialismos,
Para un nuevo mundo hacer 
Hijos del pueblo que oprimen cadenas
Esa injusticia no debe existir;
Si tu existencia es un mundo de penas,
Antes que esclavo, prefiere morir, prefiere morir.”

La coyuntura diplomática entre México y el imperio Británico
El 18 de marzo de 1938, Lázaro Cárdenas decreta la nacionalización de petróleo y expropia a las 17 empresas petroleras extranjeras privadas que operan en México, entre estas se afecto al consorcio de la Anglo-Persian Oil Company, y que hoy es la empresa British Petroleum. La reacción de Inglaterra junto con otras trasnacionales petroleras del llamado cártel de las 7 hermanas, fue iniciar un bloqueo económico en contra de México. Lo que generó un soterrado cabildeo político del gobierno nazi por apropiarse del petróleo mexicano. En esta coyuntura, los EEUU encabezado por el presidente Franklin Rooselvet buscan inhibir que el gobierno cardenista pueda caer en las redes de influencia de la Alemania hitleriana. De acuerdo con el historiador Juan Ramón Jiménez, el propio Himmer, Jefe de la policía política Nazi, la siniestra SS, estaba conspirando a favor de los intereses de Hitler en oscura asociación con el texano William Rhodes Davis de la Dirección general de la compañía petrolera Shell (2005, voltairenet.com). Es en estas circunstancias, que Geoffrey al desempeñarse como Cónsul Británico queda en medio de intrigas, espionajes y crímenes que envuelven a la actividad diplomática. Es el mundo soterrado de los Escorpias y Espiders, de policías secretos y sicarios a sueldo. Incluso señala Ramón Jiménez, que el petrolero Rhodes Davis, mantenía una estrecho contacto con el ¡ler Vice-Consul Nazi en Cuernavaca, Gerard Meier! (Idem). Todo ello aunado a la circunstancia local del combate al gobierno de Cárdenas por parte de opositores fanáticos como los cristeros o de grupos derechistas extremistas. Además de la propia maldad infernal de los hombres y que en México pueden encontrarse a la vuelta de la esquina convidándonos cortésmente un mezcalito mientras cortan cartucho.

Lowry entre el Edén y la Mordida
No sabemos cuándo Lowry deja de ser el Cónsul o éste se encarna en él. La vida de Lowry y del Cónsul se intercambian, viven el uno dentro del otro, a veces ML involuntariamente se introduce en su propia novela, en otras ocasiones Geoffrey sale de la ficción y viaja a Oaxaca en busca de su amigo zapoteco, el jinete mensajero del Banco Ejidal, ( banco creado por Cárdenas para apoyar financieramente a los ejidatarios) Day, 1983-273) y más aun, lo vemos escribiendo una novela por el canal de Panamá en la persona de Sigbjorn Wilderness, que a su vez se desdobla en el protagonista Martín Trumbaugh marinero del barco Diderot que zarpa de Vancouver con destino a Rótterdam pasando por Acapulco. A Sigbjorn le sucede lo que a Malcolm Lowry al escribir Under the Volcano en la que el personaje central “se encuentra envuelto en la trama de la novela que él mismo ha escrito” (Lowry,1961, pp.9-10). Pero ahora al igual que Martín, Lowry desembarca en Acapulco en un primero de noviembre en el año de 1936. El día en que en México inicia la fiesta de los muertos. Ahí también en ese puerto surgió la imagen del Cónsul, su doble. En donde él mismo fue a rezarle al Santo de las causas Difíciles y Desesperadas. Aquí, “Acapulco lugarejo y mezquino” a decir de Martín Trumbaugh. “México país infernal, que tiene un Secretario de Gobernación de la Muerte.” ¿Quién lo dijo?, ¿el Cónsul, Martín, Malcolm Lowry o Sigbjorn Wilderness? En realidad todos. Malcolm Lowry retrató así al México profundo -y el que está encima-: “Los mexicanos son los seres más bellos de la tierra. País adorable. El gobierno mexicano todavía parece controlado por Satanás; eso es lo único malo. Todos los mexicano lo saben, lo temen y, a fin de cuentas, no hace nada para remediarlo, a pesar de las revoluciones; en el fondo el gobierno está más corrompido que en la época de Díaz” (Idem). México es terriblemente contradictorio, conviven imágenes radicales opuestas, Under the Volcano hace coexistir a México como un territorio de la mordida, infernal y al mismo tiempo un lugar paradisiaco, Tan honestos son los mexicanos que votan por la derecha y por candidatos –dice Malcolm Lowry- pro Eje como Juan Andréu Almazán. Es este el escenario que el Cónsul e Yvonne buscan redimirse, encontrar de nuevo la gracia del amor que antaño los unió, pero no lo logran. Lo que encuentran es el infortunio, el dolor infernal y los enredos angustiantes que provoca la caída de la torre de babel que ellos construyeron en su pasión amorosa en su jardín y que ahora se derrumba para instaurar el reino de la confusión. Los símbolos se enredan creciendo una exuberante selva que devora los significados y deja a la intemperie el alma como un perro vagabundo. En el fondo de la barranca un zopilote a picotazos arranca pedazos del cadáver del Cónsul, muerto por el hijo de puta rimbombante Jefe de Jardineros Fructuoso Sanabria –un diablo con máscara de hombre- quien aventó su cuerpo al desfiladero. Pensó, Oldbean de Geoffrey, mientras caía de su cuerpo al inframundo: “yo he comido y bebido de la tierra, me parece justo, ahora que la tierra me mastique y se beba mi sangre.”
Un perro
¡Zas!, encima del cadáver del Cónsul avientan un perro inmundo, es el nahual del Cónsul, su alma gemela. Cae un rayo e ilumina un letrero en el que esta escrito: “Le gusta este jardín evite que sus hijos lo destruyan.”
Desde las alturas un viento exhalado de las entrañas de la Mujer Dormida, le susurra al Cónsul con la voz de Ivonne, si Geogrey: “seamos felices de nuevo, en algún lugar, si tan sólo estuviéramos juntos, si tan sólo fuera lejos de este mundo terrible. Destruye el mundo”.
Casona Spencer, Cuernavaca 27 de julio de 2009


Bibliografía
Lowry, Malcolm, Under the Volcano, editorial Penguin Books, Gran Bretaña, 1963.
_____, Por el Canal de Panamá, editorial Era, México 1969.
_____, Bajo el Volcan, editorial Era, México, 1964.
_____, El volcán, el mezcal, los comisarios, editorial, Universidad Veracruzana, 2008.
Day, Douglas, Malcolm Lowry, una biografia, editorial Fondo de Cultura Económica,México, 1983.
Jiménez, Juan Ramón, voltairenet.com , 2005.

Mezcal y alas para todos

Por José Luis Martínez R.


En la peluquería “Bajo el Volcán”

el peluquero Lucifer Ramírez le corta el pelo a Malcolm Lowry

Reflejado en un espejo el letrero de la funeraria:

Quo Vadis

Geoffrey completamente borracho pasa:

“In what are you sinking Señor Don Cónsul”

Think corrige el Cónsul, think

“in what are you, perdón, por supuesto sinking”

¿Qué es lo que barre el Arcángel San Gabriel en la peluquería?

“ungüento 666”

¡Oh! Yvonne, Yvonne, we were happy...

“Son dos pesos...”

(Nuestros corazones)

hey, mister, insiste Lucifer sonriendo con su dentadura de oro: “tuu pesos”


enamorados, libres del pesar como alas de Albatros


(Cuando el Cónsul desaparece por la calle del Calvario perfumado con loción 7-Machos, en ese instante, el sol se apaga y se enciende el Farolito como un rayito de esperanza.)

Con su pelo recién cortado, muy contento, Malcolm Lowry, da un manotazo a su mesa y exclama: “Mezcal y alas para todos...”